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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, sobre la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Primeras etapas del establecimiento del cristianismo
 

Corazón espiritual/Primeras etapas del establecimiento del cristianismo


La Evolución del cristianismo

Primeras etapas del establecimiento del cristianismo

Cuando el judaísmo llegó al final de su degradación en Judea (con la adoración del Sábado en lugar de Dios, el desdén de otras naciones, la pérdida del amor y una completa falta de conocimiento sobre el Camino espiritual [30]), el Divino Mártir Jesús el Cristo vino a esta tierra y Se sacrificó por el bien de la salvación espiritual de la gente —la salvación por medio de la reposición de la Verdad.

Él les dio Enseñanzas sobre Dios y sobre el Amor [10].

Y después de eso Él mismo se entregó a los verdugos, fue torturado y crucificado.

Pero cuando Su cuerpo fue bajado de la cruz, Él lo desmaterializó y luego lo materializó de nuevo, apareciendo varias veces ante Sus discípulos para demostrar de esa manera que la conciencia es inmortal.

Seguidores judíos de Jesús, incluyendo la mayoría de Sus discípulos más cercanos, comenzaron a predicar Sus Enseñanzas en el Imperio Romano, Arabia, India y posiblemente incluso en China [69, 80 y otros]. Entre los lugares donde el Apóstol Andrés enseñó y bautizó estaban las regiones del sur de Rusia [50].

El mayor número de Sus seguidores vivían en el vasto Imperio Romano, que incluyó también Judea y Bizancio (Grecia). Las autoridades del Imperio Romano habrían de perseguir duramente y matar a los cristianos al principio. Pero su número fue creciendo sin cesar. La situación cambió en el siglo IV d.C., durante el reinado del emperador Constantino, que simpatizaba con el cristianismo e hizo de él la religión del estado.

Esa fue la época en que empezó lo más interesante...

Una cosa es la situación que se da cuando un movimiento religioso es perseguido y la pertenencia a él —por no hablar del liderazgo en éste— es severamente castigada, y completamente otra cuando éste se convierte en la religión del estado y la pertenencia activa a ella le otorga a uno poder sobre las personas y bienestar material.

Hay crónicas muy detalladas de las primeras etapas del establecimiento del cristianismo como religión de estado [73]. Contienen, entre otras cosas, un relato documentado de la lucha entre los obispos «en todo su esplendor»: se lanzaron anatemas (condenación) los unos a los otros, organizaron asesinatos, urdieron informes calumniosos para el emperador pidiéndole ejecutar a competidores...

En uno de los «concilios» (el de Nicea) la situación era la siguiente [41]:

«(...) Los obispos y patriarcas, cuya misión es establecer el cristianismo sobre un fundamento indestructible, están lejos de adecuarse del todo a la imagen popular de ellos. Algunos estaban casi desnudos, con el cabello y las barbas enmarañados; otros iban vestidos con pieles de animales, mientras que casi todos ellos parecían mórbidos y agotados por la miseria y la mortificación. Algunos estaban debilitados a tal grado que no podían moverse sin ayuda, y cada uno de ellos tenía su propio mal genio, lo que corresponde a su estilo de vida. Unos mostraban mansedumbre, otros aparentaban ser pacificadores, a muchos le gustaba discutir, mientras que aún había quienes eran extremadamente agresivos».

El «concilio» de Nicea decretó que cualquier persona que leyera o conservara escritos de Arrio fuese condenada a muerte [49].

Fueron esos agresivos los que al final llegaron a gobernar, expulsando a cristianos mansos y humildes por medio de la calumnia, la violencia física directa e incluso la eliminación.

Fueron también ellos los que compilaron el Nuevo Testamento (ver [10,14,76] para más detalles), que incluía obras que no parecen ser cristianas en absoluto: la epístola de Judas y el Apocalipsis; también aquellos extractos de las epístolas de Pablo que estaban escritos en un intolerable estilo judaico moralizante, y no aquel de las Enseñanzas de Jesús.

Pero los «agresivos» no incluyeron en el Nuevo Testamento el Evangelio de Felipe, uno de los Evangelios más valiosos, ya que no podían entenderlo; ello además destapó su mendacidad y fracaso espiritual.

(Incluso ahora a las gentes se les dice que la Biblia es el libro que fue supuestamente creado por Dios Mismo —el libro «inspirado por Dios». Pero ni siquiera Jesús el Cristo está de acuerdo con esto [26]. Y ahora podemos entender por qué.)

La parte de las Enseñanzas de Jesús el Cristo relativa a la evolución quedó prohibida en los mismísimos primeros concilios. Tras ocurrir eso, el propósito de la creación del mundo material y de la encarnación de las personas y los animales en cuerpos materiales se volvió inexplicable, ya que se basaba en una teoría teológica pervertida por esas ignorantes personas agresivas (ver [10,75]). El resultado de esto es que durante los dos mil años tras la encarnación de Jesús el Cristo los teólogos «cristianos» han sido incapaces de explicar el significado y el propósito de la vida humana, ni a sí mismos, ni a otras personas. ¡Si bien esto tenía que ser el fundamento para la construcción de toda la metodología del trabajo espiritual, sobre la cual pudieran haberse desarrollado métodos serios!

Más aún, las palabras de Jesús el Cristo que contenían la descripción de Dios Padre no se incluyeron en el Nuevo Testamento a causa de la ignorancia de los «agresivos». Como resultado, ¡no hay ninguna descripción de Dios Padre en toda la Biblia! Pero, ¿¡qué clase de religión puede ser si omite una descripción de Dios!?

Este es el por qué los «cristianos» ignorantes y agresivos aún propagan el odio y la animosidad contra aquellas personas que adoran a Dios Padre ¡en lugar de «su Dios» —Jesucristo!

La humildad y el amor (como compasión, ternura y atención cariñosa) permanecieron sólo en las páginas gloriosas de la historia temprana del verdadero cristianismo [85 y otros]. Pero la práctica cotidiana de los seguidores de la prevalente Iglesia se volvió algo totalmente diferente.

Mientras tanto, la doctrina de la Iglesia siguió desarrollándose, pero no hacia los métodos del conocimiento de Dios y acercamiento a Él en términos de la calidad del alma. Por el contrario, los «agresivos» estaban forjando esta doctrina de una manera tal que les permitiera esclavizar a la congregación y ponerla bajo su control, para obligar a la gente a mantener materialmente a los «pastores», hacer que fuesen serviles y se estremecieran ante los «santos padres» y los jerarcas del más alto rango...

La doctrina incluyó las siguientes premisas básicas:

Las personas son seres absolutamente miserables, irremediablemente atrapadas en sus pecados —no sólo en el pecado que ellos mismos cometen, sino principalmente en los de Adán y Eva... Por lo tanto, todas las personas están destinadas a vivir en el infierno.

La única manera de salvarse del futuro infierno es adherirse firmemente a «nuestra» fe (ya que todos los demás credos vienen del diablo), visitar sólo «nuestros» templos, proporcionar sustento a los «pastores», ir a confesarse e informarles a ellos de sus pecados, y recibir una comunión. De lo contrario, ¡el infierno es ineludible!

¿Quiénes, entonces, son esos «pastores»? Son los que —merced al «sacramento de la consagración»— se supone que ingresan en un estatus especial de intermediarios entre Dios y el pueblo. Es sólo a través de sus oraciones como es posible hacer que Dios tenga misericordia de la gente y les salve del infierno. Lo que además es necesario es «servir a la Iglesia» —materialmente y, cuando sea requerido, incluso con las armas.

Algo que uno también tiene que hacer es aliviar los sufrimientos de sus familiares y amigos —que han muerto y habitan ahora en el infierno, por supuesto. Lo mismo afecta a aquellos que no han muerto aún, pero están en problemas. Para hacer esto uno tiene que pedir (mediante pago) servicios especiales —«para la paz del alma de alguien» o «para la salud».

Además, los niños tienen que ser bautizados. ¡Es absolutamente necesario! Caso de que un niño muera sin haber sido bautizado ¡él o ella seguramente irá entonces al infierno! Bautizar a los niños es otro servicio que requiere una cuota. Al igual que el «servicio funerario», que ¡se supone que ofrece algún beneficio a los que han muerto! ¿Cómo se puede asumir que Dios es tan primitivo que ¡Él no ama a los que no se han sometido a tales rituales!?

Así es como los «agresivos», que arrebataron el poder a base de mentiras egoístas, han «jugado» con los sentimientos de amor de los creyentes, asegurándose el poder y el dinero para sí mismos.

¡Uno de los trucos más eficaces de los «agresivos» fue declarar el aspecto sexual del amor como algo pecaminoso, extremadamente pecaminoso!

La masturbación, que es totalmente normal para la inmensa mayoría de la gente durante la pubertad (ver [13]), fue señalada como la causa de casi todas las enfermedades conocidas, incluyendo la tuberculosis, la demencia, etc. Y esto se utilizó como base para convencer a la juventud de su profunda pecaminosidad y culpabilidad ante Dios...

Las relaciones sexuales no podían ser totalmente prohibidas por razones demográficas bastante obvias, pero la gente tenía que obtener el permiso de los «pastores» de la Iglesia para tenerlas, pese a que ¡Dios nunca ha autorizado a los «pastores» a hacer eso!

Las mujeres que tuvieron relaciones sexuales sin este permiso de los «agresivos» se convertirían en objeto de una humillación especialmente fuerte.

Y los niños que encarnaban a través de los cuerpos de esas madres recibirían un «estigma» de «ilegítimos». No estaba permitido bautizarles —así fueron privados de todos los derechos, incluyendo el derecho a contraer un matrimonio «religioso» (sólo tal clase de matrimonio era reconocido por las autoridades estatales) y a crear una familia «legítima».

Se dio incluso la creación de un verdadero culto al himen de María —la madre de Jesús— que se creía concibió e incluso dio a luz a Jesús sin perder su virginidad. Las vírgenes comenzaron a ser llamadas las «inocentes». Por ende, todas las demás mujeres —independientemente de las circunstancias bajo las que «aquello» sucedió— fueron consideradas culpables. Las mujeres que perdieron su «inocencia» (virginidad) sin permiso de la Iglesia tuvieron que soportar el desprecio y el rechazo de los «cristianos»; se sentían desesperadamente culpables («mortalmente pecadoras») y totalmente dependientes de las «oraciones» que los «pastores» realizaban por su salvación...

Un hecho sorprendente que demuestra a las claras el interés penal de los «agresivos» que solían manejar la Iglesia católica era la posibilidad de comprar abiertamente un «perdón de los pecados»... A la gente le daban, como prueba de pago, recibos especiales que llamaban «indulgencias», ¿«certificados» para que un alma se los presente a Dios en el otro mundo?

La gente podía comprar indulgencias para pecados que aún no habían sido cometidos —¡para cualquier tipo de pecado! ¡Sólo tenían que pagar dinero! ¡Sólo pagad, comprad el perdón de Dios —e id a pecar sin miedo! Luego ¡paguen de nuevo —y vayan cometer todos los pecados imaginables! ¡Pagad, pagad, basta con pagar!...

En realidad, para Dios ¡no hay en absoluto ningún mecanismo de remisión de los pecados! Él no necesita informes de las personas acerca de sus pecados, sino antes bien ¡que activamente se deshagan de defectos y desarrollen sus faltantes cualidades positivas! ¡Él necesita que de esta manera se aspire a la Perfección Divina! Jesús el Cristo habló muy exactamente sobre esto: ¡Sean perfectos como su Padre Celestial es perfecto! (Mateo 5:48).

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