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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, sobre la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
De la historia de la Rusia Antigua
 

Corazón espiritual/De la historia de la Rusia Antigua


De la historia de la Rusia Antigua

Las ideas de Jesús el Cristo sobre el amor como un método de autoperfeccionamiento para conocer a Dios Padre Universal, Quien es Amor, y unirse con Él fueron traídas por primera vez a las regiones del sur de Rusia por el Apóstol Andrés. Y la gente no tenía razón alguna para no aceptar esas Divinas Enseñanzas; fueron bautizados en masa por este discípulo personal de Cristo.

El segundo «bautista» de Rusia fue el príncipe Ascold. Fue bautizado por los griegos y él mismo bautizó en la fe judeo-griega a un cierto número de rusos.

Pero la tragedia principal de Rusia comenzó más tarde. Así es como se desarrollaron los acontecimientos.

Los sucesores de Ruerick fueron: Oleg, el guardián de su hijo Igor, luego el propio Igor y, tras su muerte, su viuda Olga. Fue una familia de gobernantes en extremo crueles, traidores, agresivos y codiciosos.

Teniendo una poderosa brigada de lucha integrada por bribones faltos de todo rasgo humano, cuya ocupación favorita era el asesinato y el bandolerismo, la usaron para llevar a cabo asiduos ataques armados contra sus vecinos.

Después de que Oleg y luego Igor murieron, Olga asumió el cargo de jefe de la cohorte, y como tal ella manifestó un grado de crueldad y felonía aún más espantoso: con Olga como líder del escuadrón no sólo mataron a la gente para robar sus pertenencias, sino que también asesinaron de sofisticada manera a enviados de paz de sus vecinos y habitantes de los asentamientos capturados, quemándoles o enterrándoles vivos [72,86].

Más tarde ella fue bautizada en Constantinopla, pero eso no tuvo impacto positivo alguno, ni en su carácter ni en su conducta (podemos entender ahora por qué).

El hijo de Igor y Olga, Svyatoslav, adoptó el mismo tipo de temperamento. Él habría de escoger una víctima de entre sus vecinos y declarar a través de un mensajero: «¡Estoy presto a atacaros!» —tras lo cual su despiadada escuadra asesinaría a miles de personas para robar o simplemente por diversión.

Tras haber muerto Svyatoslav, su hijo Vladimir —el principal «bautista» de Rusia— empezó a reinar.

Cuando creció, también se convirtió en un sanguinario salteador como sus antepasados. Y siguiendo el ejemplo de su abuela, también aceptó el bautismo de los griegos.

Habiendo aprendido la forma en que la Iglesia estaba operando en Bizancio, se dio cuenta de que podía obtener un gran beneficio personal, en términos de robar a sus súbditos y vecinos, con la introducción de este sistema religioso en Rusia, y decidió «bautizar» a Rusia en la fe de aquella toscamente pervertida secta pseudocristiana, la cual existía entonces en la parte oriental del decadente imperio romano. Las «ventajas» de la nueva fe para el atroz gobernante eran obvias: con su ayuda podría suprimir del todo el librepensamiento, «ningunear» a la gente y doblegarles a su voluntad mediante «sacerdotes»...

¿Se convirtió Vladimir mismo en un cristiano tras haber sido bautizado? Pues no, él siguió con el bandolerismo y los asesinatos masivos.

Algunos lectores bien pueden ahora preguntar: «¿Cuál es el verdadero bautismo cristiano?»

Normalmente con esta palabra ellos denotan cierto ritual. Hoy día las personas bautizadas lo más a menudo lo contemplan como un ritual de magia protectora, con la esperanza de que les guardará de las fuerzas del mal.

Pero la gente razonable entiende el bautismo como algo diferente. Para ellos es un juramento ante Dios: ¡Conozco y acepto Tus Enseñanzas; voy a vivir de acuerdo con ellas; yo Te serviré al ayudar a otras personas, y Te pido Tu ayuda en esta tarea!*

Tal bautismo es eficaz. Todas las demás variantes no lo son: no son más que engaño o autoengaño. Dios considera como importante aquí no los movimientos corporales o las palabras de la gente, sino ¡sus emociones y la fuerza de las decisiones que toman los bautizados!

Volviendo al tema anterior, cabe mencionar otro crimen sangriento de Vladimir: el masivo bautismo obligatorio de la gente, que se llevó a cabo por la misma banda de asesinos que constituían su escuadra.

Naturalmente, la población no quería aceptar esta fe diabólica que venía del sangriento verdugo y líder de los bandidos. La gente habría de evitar ser bautizada. Entonces los bandidos de Vladimir comenzaron a dar cruces de madera a los que ya habían sido bautizados, las cuales se suponía que debían llevar en torno a sus cuellos, tal que fuese más fácil identificar a los que eludían este ritual, para apresarles, torturarles, o matarles.

Y más tarde Vladimir, y luego su hijo Yaroslav, con la ayuda de los «monjes» griegos, comenzaron a establecer en Rusia el mismo orden que en ese momento existía en Europa Occidental.

No hay que pensar que en los templos «cristianos» se le habló a la gente sobre las Enseñanzas de amor de Cristo y los métodos de conocimiento de Dios Padre. ¡Por supuesto que no! En su lugar, a la gente se le instiló la idea de su pecaminosidad e insignificancia total, del poder «salvífico» de las oraciones recitadas por los «curas», que oran «por nosotros» con denuedo, se cansan, y tanto sufren por ello que han de ser recompensados con dinero y otras cosas.

¿Hizo algún bien esa fe a los eslavos, si se ha de comparar la nueva «cultura» y estilo de vida con las que existían antes de «bautismo» de Vladimir? Estoy seguro de que no.

Hasta es una mentira la leyenda de que Constantino (su nombre monástico era Cirilo) y Metodio, enviados griegos, crearon un lenguaje escrito para los rusos. Incluso antes del «bautismo» existían dos tipos de alfabetos: el glagolic y el que luego se llamó alfabeto cirílico. Ambos se usaron para escribir leyendas en monedas, credenciales de príncipes a los comerciantes y aun libros. El Libro de Veles, por ejemplo, se terminó durante la época del «bautismo de Ascold». Fue escrito en el mismo alfabeto cirílico que existió, tal como resulta ser, mucho tiempo antes de Cirilo.

El Nuevo Testamento también se tradujo a la lengua eslava escrita (el mismo viejo alfabeto cirílico) antes de que llegaran Cirilo y Metodio. Y en esta forma lo halló Cirilo en Khersones, lo cual él mismo anota en su biografía [51,54,84].

Pero la Iglesia que se formó en Rusia fue reacia a presentar a los creyentes el Nuevo Testamento traducido al eslavo. Al contrario, esta escritura, so pretexto de que «los laicos» podrían malinterpretarla, no estuvo disponible durante muchos siglos para la gente; sólo los curas y sus superiores tenían acceso a ella. La lectura no autorizada del Nuevo Testamento se castigó con la muerte [22].

En vez de la predicación de Cristo sobre el tierno amor y la humildad de la mente, los esfuerzos en el desarrollo de uno mismo y la ayuda a los demás, este «cristianismo» trajo a Rusia crueldad y violencia, junto con la destrucción de todas las buenas tradiciones espirituales de los antiguos eslavos.

Los que estaban descontentos con la actividad de esta secta y no querían implícitamente obedecerla comenzaron a ser llamados «sectarios» (por analogía con los «herejes» en Europa). Fueron torturados con fuego, desgarrados en el potro, quemados vivos y empalados en estacas afiladas.

Como en Europa Occidental, se declaró un anatema sobre el amor sexual. Las palabras que tenían significado sexual se convirtieron en un medio para deshonrar a otras personas —el «mat»*.

Ejecuciones masivas de «sectarios» y raskolniks (los antiguos creyentes) se habían realizado durante siglos y se intensificaron, en especial hacia el final del siglo XIX. Los que tenían dudas de la autenticidad de tal «cristianismo» habrían de ser atrapados y metidos en prisiones especiales que existían en los monasterios —sin un juicio ante los tribunales, solo en base a una sospecha. Allí los verdugos, siguiendo el ejemplo de la Inquisición, les torturarían con fuego y en el potro, romperían sus fémures, lisiándoles, y les quemarían vivos (si bien no en público). A los raskolniks les cortaban su mano diestra para que no escribieran. Y les arrancaban la lengua para que no predicaran [18,22,23,35, 57-59,64,79].

Mientras esto hacían, los inquisidores rusos se referían sin rodeos a la positiva experiencia de sus colegas bizantinos en el mantenimiento de la estabilidad de su fe [79].

Incluso cuando la Inquisición fue abolida en el resto de Europa, su gemela rusa aún continuó —a escala nacional y usando las estructuras de poder del Estado— con la caza de los «sectarios», i.e., aquellas personas que entendían el cristianismo de manera diferente.

Las ejecuciones masivas de «sectarios» y raskolniks siguieron ocurriendo hasta 1917. En ese momento todo el país se llenó de detectives, que cazaban a sus víctimas. La propiedad de estas era confiscada, pasando una parte de ella a manos de los informadores. Las víctimas fueron torturadas, «ahumadas» lentamente al fuego, abrasadas en bastidores de madera construidos ex profeso, o dejadas morir colgadas de garfios clavados entre sus costillas [57].

Policías, varios funcionarios estatales y alcaldes solían «nutrirse» de los curas. Y los curas detraían dinero y otros medios de subsistencia de la gente para «orar por el perdón de sus pecados» y para diversos ritos pagados...

Si alguien dejaba de asistir a un servicio dominical, eso al instante se convertiría en una señal de alarma para los párrocos y sus sirvientes, la indicación de una amenaza a su bienestar. Tales personas serían ipso facto sometidas a la represión policial, o los curas agitarían a una turba de «fieles» en su contra. Hay descripciones de casos de asesinatos masivos de familias «sectarias» a manos de muchedumbres de tales «fieles» [22,59].

Los curas fueron convertidos en detectives de policía mediante decretos estatales especiales: se vieron obligados a informar a la policía de todo lo que sus feligreses les decían bajo secreto de confesión [35].

La «seducción de la ortodoxia»* fue perseguida como un caso criminal [35].

Los matrimonios de personas no casadas en una iglesia ortodoxa se consideraron ilegítimos. Las autoridades se llevarían a los niños de tales padres, a veces incluso de comunidades enteras de creyentes no ortodoxos. Esos niños recibieron el estigma de «bastardos» («hijos ilegítimos») de por vida y fueron privados de todos los derechos, incluso el derecho a tener padres [59].

Las persecuciones fueron tan lejos que ni siquiera se permitió enterrar a los raskolniks muertos en la «tierra de la Rusia ortodoxa». Se asignaron guardias especiales a sus cadáveres que se pudrieron durante semanas [23].

Los curas obligaban a la gente a beber mucho. Los «monjes» también bebían mucho [31,72,75,79]. Si alguien se negaba a beber, eso era calificado como «sectarismo», y esta persona se convertía en un enemigo y era perseguida por la policía [22].

Solovyov S.M. describe la realidad rusa de la época como sigue: «(...) Usted no hallará semejante vergonzosa embriaguez ni en los alemanes, ni en otros eslavos; en ninguna parte, excepto en el Estado ruso: hombres y mujeres, laicos y clérigos se revuelcan en el barro en plena calle, algunos mueren de alcoholismo» [79].

Un inglés que visitó Rusia, Richard Chansler, describe su impresión del sacerdocio ortodoxo de esta manera: «En cuanto a libertinaje y embriaguez, no hay nada como esto en el mundo entero, y en términos de extorsión, estas son las personas más repugnantes bajo el sol» [79].

Aquellos horribles acontecimientos de la historia de Rusia dieron como resultado muchos héroes mártires: los verdaderos cristianos que preferían torturas y muerte antes que aceptar —aun en lo externo— una «fe» como esa.

Por ejemplo, cuando los soldados ortodoxos o los cosacos rodeaban un asentamiento de «sectarios», quienes inevitablemente serían luego condenados a torturas prolongadas y a ser quemados vivos, la gente misma formaba piras, y familias enteras entraban en ellas... [58].

«¿Qué apóstoles enseñaron así? No lo sé. Mi Cristo no ordenó a los apóstoles que enseñaran así, que llevaran a la gente a la fe mediante el fuego, con el látigo y con la horca!», escribió el protopope Avvakúm, quien más tarde fue quemado vivo junto con sus colaboradores [18,58].

Algunos otros clérigos también se rebelarían, por ejemplo los hesicastas Nil Sorsky y Maxim Grek, quienes trataron de iniciar un movimiento de no poseedores entre los monjes y sacerdotes. Se opusieron a las sangrientas atrocidades que la Iglesia estaba cometiendo y al parasitismo de los sacerdotes y monjes, e intentaron hacerles volver a las Enseñanzas de Jesús el Cristo. No obstante, como resultado, ellos y sus seguidores también fueron reprimidos por la Iglesia: algunos fueron quemados, otros condenados de por vida a permanecer en las prisiones monásticas... [79].

¿Se parece eso al cristianismo de alguna manera? No, ni por asomo.

Durante el «domingo sangriento» de 1905, cuando en la capital del imperio ruso y llevando iconos y retratos del zar las personas desarmadas (hombres, mujeres y niños) marchaban en dirección a la Plaza del Palacio con el fin de dirigirse al zar, los cosacos ortodoxos les pasaron a sable en todo rincón de la ciudad, y luego soldados ortodoxos dispararon a los supervivientes. Ya sólo los cadáveres de los niños recogidos llenaron muchos carruajes. Miles de personas inocentes murieron o fueron mutiladas aquel día [31].

En ese momento la totalidad de la población se halló dividida en dos bandos: por un lado los sacerdotes verdugos con sus «fieles», encabezados por el zar y apoyados por la maquinaria punitiva del Estado, y por el otro sus víctimas que, o bien se disfrazaron como «fieles», o no se pusieron a la altura del régimen y se convirtieron en mártires heroicos.

El «domingo sangriento» predeterminó el destino de la autocracia rusa y de aquel «cristianismo». El año 1917 trajo dos golpes de Estado. Los bolcheviques tirotearon al zar junto con su familia y ahogaron y mataron a disparos a una gran cantidad de sacerdotes odiados por la gente. El monasterio en las islas Solovki y varios otros, donde las víctimas de la ortodoxia fueron torturadas antes, ahora se convirtieron en las cárceles para los ex sacerdotes [33].

La mayoría de la gente no apoyaba a la Iglesia dominante, y esta fue totalmente destruida junto con su apéndice, la autocracia.

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