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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, sobre la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Infierno, paraíso y karma
 

Corazón espiritual/Infierno, paraíso y karma


Infierno, paraíso y karma

Por cierto, ¿han prestado atención a la diferencia entre la creación de buen o mal karma en la vida de uno en el cuerpo material, y los mecanismos que determinan las cualidades de la propia morada en la «otra vida»?

A este respecto uno debería entender que ciertas emociones éticamente importantes, pensamientos, palabras y acciones configuran el correspondiente tipo de karma. ¿Cuál es el significado de esto? Por medio de la formación de nuestros destinos en conformidad con esta ley Dios busca desacostumbrarnos del mal y hacer que no adhiramos al bien.

Qué morada nos preparamos a nosotros mismos para habitarla después de la muerte de nuestros cuerpos —el infierno, el paraíso o los eones Divinos— depende de los niveles de la escala de sutileza-grosería (de los estados de conciencia) a los que nos habituamos nosotros mismos durante nuestras vidas en cuerpos materiales en la Tierra.

El estar asociados con alguna organización religiosa en particular o el que tengamos fe en la existencia de Dios o no —eso no importa de manera directa en este caso.

Tuve numerosas ocasiones para asegurarme de que esto último es verdad observando el estado «post-muerte» de personas a quienes yo conocía muy bien.

Una de ellas fue un famoso científico que era un firme y acérrimo ateo. Pero dedicó su vida a hacer el Bien, ayudando a la gente de manera heroica y auto-sacrificada con el mayor conocimiento y recursos que poseía. Su predisposición al ateísmo fue determinada por el hecho de que vivió bajo un horripilante «estigma judío» en Rusia, durante una cruel época de «ateísmo militante» y que, de todos los conceptos religiosos, sólo estaba familiarizado con aquél que posiblemente no podría satisfacerle en tanto persona intelectualmente muy desarrollada.

Estaba dejando su cuerpo siendo un viejo decrépito, sufriendo por ello, dándose cuenta con profundo pesar de que su «fin» se avecinaba.

Y uno puede tan sólo imaginar cuán asombrado quedó más adelante al descubrir que ¡no había ningún «fin»!

Poco antes de su partida, me llamó por teléfono con una clara intención de decir «adiós». (Durante mucho tiempo trabajamos juntos con asiduidad). Resumiendo su vida, él estaba diciendo muy sinceramente:

—¡He vivido una vida honesta, Vladimir! ¡También he dado todo de mí mismo para que la gente viva mejor!

Hice de nuevo un intento de conducir la conversación hacia temas relacionados con Dios y la inmortalidad del alma. Pero se mostró reacio a hablar de ello; estaba totalmente ocupado con los resultados personales de su vida. El diálogo no tuvo lugar...

Después, estando no encarnado, a menudo me visitó junto con su esposa —una amabilísima y hermosa mujer que dejó este mundo poco antes que él. Ambos están en un excelente estado y su morada es el paraíso. Habrían de quedarse a verme haciendo algo, y luego intercambiar opiniones entre sí. A veces, dirigiéndose a mí, dijo:

—¡Correcto, Vladimir! ¡Correcto!

Teniendo que vivir en la Rusia de aquella época ambos sufrieron mucho. Y, por supuesto, no podían aceptar el «cristianismo» que se había amañado para maldecir oficialmente a todos los judíos y que desde entonces les había tratado de una manera más o menos hostil. Ellos lo soportaron todo con humildad, sin caer nunca en la amargura y la exasperación. Tan sólo se asombraban en silencio por el primitivismo moral que les rodeaba. ¡Y tenían razón! Ahora viven en el paraíso.

También conocí a uno de sus colegas más cercanos, que también era un científico y judío por el origen étnico de su cuerpo material. Durante los últimos años de su vida terrenal hizo mucho para acercar a las personas a la comprensión de la inmortalidad del alma, y escribió no pocas obras sobre psicología. Pero él vivió su vida en un ajetreo sin fin, hizo de la afirmación de su nombre entre otras personas el principal objetivo de sus esfuerzos, desarrolló una supermendacidad (podía enredarse en mentiras incluso en el decurso de una sola conversación, poniéndose a sí mismo al descubierto); insistió en que «el hombre es un sistema autónomo, cerrado»; no pensó en Dios ni adecuó su vida a la existencia de Dios y desarrolló su «yo» inferior hasta el punto de estar lleno de diversos defectos «prominentes». Terminó su vida terrenal por una enfermedad cerebral. Ahora que dejó su cuerpo puede ser visto como un «retorcido» ser oscuro, todavía desprovisto de paz. El infierno que creó continúa para él...

Lo digo con mucha pena: este hombre ayudó a muchos en la Tierra a comenzar la búsqueda de la verdadera Libertad. Pero resultó que él mismo no la buscó.

Otro par de ejemplos son dos cantantes que eran bien conocidos en Rusia y que han contribuido de manera notoria a liberar el país de la tiranía del partido comunista.

Igor Talkov, que solía cantar canciones muy ordinarias sobre el amor terrenal, al madurar empezó a cantar de una manera rica, audaz y hermosa ¡sobre la libertad política y sobre Dios! Y pronto murió como un héroe por la libertad de los demás. Pasó los últimos años de su vida terrenal en triunfal y confiada unión con Dios, estando fuertemente convencido de la continuidad de la vida —con o sin cuerpo... Y su estado actual en su nueva vida sin un cuerpo es bastante alto. ¡Él aún es hermoso!

Pero otro bardo ruso que escribió y cantó canciones mucho más maravillosas, gloriosas y sabias que su contemporáneo Talkov, y que también murió en la lucha contra el mal de Rusia, batalló, pero nunca encontró la paz, la armonía y el amor sereno y tierno, y tras la muerte de su cuerpo permaneció en ese estado excitado, agitado. Él siguió viviendo en este tipo de emoción de «me falta el aire» y con el deseo de «abalanzarse a caballo a lo largo del borde del precipicio»... Pero allá donde está ahora, eso no se necesita; es inapropiado allí... Y de ahí su angustia inapaciguable...

Después de todo, tras la muerte del cuerpo permanecemos en el mismo estado al cual nos acostumbramos a nosotros mismos durante la vida en el cuerpo y en el que la muerte corporal nos sobrevino...

Y tengámoslo, mis queridos lectores, bien en cuenta: incluso mediante la realización de grandes hazañas de sacrificio en el estado de exasperación, sin paz y amor interno, pero con un sentimiento de insatisfacción de nuestros «yos» inferiores, podemos mejorar nuestros karmas, pero no nos acercamos al Creador ni realizamos el propósito de nuestras vidas en su totalidad.

Dios sí que aprueba el heroísmo y las hazañas. ¡Pero esas hazañas no deberían ser una especie de rebelión personal (aún justificada), sino antes bien, adecuarse al profundo entendimiento filosófico del Plan de nuestro Creador para con todos nosotros que vivimos en cuerpos en la Tierra!

¡Cuántas personas se podrían haber beneficiado si hubiesen recibido este conocimiento de manera oportuna! ¡Qué gran número de almas brillantes podría haber evitado cometer trágicos errores que tuvieron un tan devastador impacto en sus destinos!

No obstante, cada uno de nosotros puede elegir ayudar a hacer menos frecuentes las tragedias como ésta; ¡ayudar a otros, para que puedan dejar de cometer errores graves debido a su falta de verdadero conocimiento religioso!

* * *

Nunca he estado interesado seriamente o durante mucho tiempo en el espiritismo. Me sentí atraído hacia el conocimiento del Creador. Sin embargo, he tenido numerosos contactos con personas y animales no encarnados.*

En particular, muchos médicos rusos que se graduaron en el Instituto Pediátrico de San Petersburgo recuerdan sin duda a mi madre, Irina Antonova: ella tenía una educación médica y enseñó fisiología durante varias décadas en este instituto. Los que la conocieron durante su vida en la Tierra se alegrarán de saber que ahora ella sigue cumpliendo los deberes del médico, portando la blanca neblina de un médico y un fonendoscopio en torno a su cuello. La última vez que la vi ayudaba a una mujer que estaba siendo reanimada. Irina Antonova consoló a la mujer cuando se encontró «al otro lado», en el mundo de las conciencias no encarnadas, y le explicó que ella estaba viva, sólo que de una manera diferente...

La mujer se repuso después de aquel suceso y ahora sigue viviendo en su cuerpo material.

... Mi madre fue preparada por mí para su propia partida. Cuando salió de su cuerpo —en paz y sin dolor- se aseguró de que yo no necesitaba su ayuda y fue a buscar a su marido, que había dejado su cuerpo años antes (en el libro [14] escribí sobre su vida y las circunstancias en que se fue). Más tarde volvió, molesta, quejándose de que no había podido dar con él por ninguna parte...

Pero un día —al parecer, alguien la ayudó- ¡ella le encontró! Resultó que él recién había encarnado de nuevo. Acostumbrada a ayudar a la gente durante su vida encarnada, intentó empezar a cuidar de él. Pero... más tarde regresó a mí con pena:

—¡Me aburro con él!

En aquél momento él tenía sólo dos meses de edad...

—¡No entiende nada todavía! —se quejó.

Esos fueron sus primeros pasos en el proceso de acostumbrarse a la existencia no-material.

Más adelante, tal y como ahora sabemos, surgieron responsabilidades más serias para ella.

... Ya he mencionado que no sólo las personas, sino también los animales pueden vivir en el «otro mundo», y uno realmente puede comunicarse con ellos: la comunicación se produce en el nivel de los pensamientos y las emociones, y no sólo palabras.

El paraíso y el infierno también existen para ellos. Como en el caso de las personas, su estado se puede determinar fácilmente mediante la clarividencia según el nivel de refinación de las conciencias: los ligeros son habitantes del paraíso, mientras que los grises y negros (en términos del color del alma) viven en el infierno.

Animales infernales se pueden encontrar con mucha frecuencia en los cuerpos de personas encarnadas como diablillos que causan ciertos tipos de enfermedades. Una de las razones de este tipo de conducta puede consistir en su sentimiento de resentimiento, porque esas personas les causaron dolor o mataron sus cuerpos. En otras palabras, esto representa el mecanismo de manifestación del karma negativo de quienes comen cuerpos de animales muertos.

Pero los animales «paradisíacos», que están libres de malignidad, de venganza, y que por el contrario solían estar llenos de amor durante su vida en los cuerpos, siguen viviendo allí en la alegría y la felicidad.

Tuve ocasión de comunicarme con los perros que solían ser mis amigos y ayudantes en mi investigación científica. Inicié el primer contacto con ellos tras haber sido asesinados por otros científicos —después de haber completado mis estudios—, cuando me arrepentí profundamente de mi forzada traición a ellos, pero ellos... sólo saltaban alegremente a mi alrededor y lamían mis manos y cara.

«¡Estaremos protegiéndote!» —este era su deseo sincero, que podría ser fácilmente percibido sin palabras: se transfiere directamente de una conciencia a otra.


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