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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, sobre la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
 


El cuento sobre el niño
que podía hacer magia


Narrado por Sarkar
y anotado por Anna Zubkova

Editor de la versión rusa Vladimir Antonov

Traducido al español por Alfredo Martinez




«Aún no soy un mago, todavía estoy aprendiendo,

pero el amor nos permite obrar verdaderos milagros».

Evgeny Schwartz,

del guión de la película “Zolushka”


«¡Verdaderos milagros pueden ser creados

solo por un amable y amante corazón!» .

Sarkar



En el tiempo de este cuento, las mujeres vestían vestidos largos y los hombres, levitas con colas. Las personas solían andar a caballo, porque los primeros automóviles recién habían sido inventados y aún no existía tal cosa como los aviones.

Luego también, como siempre, había ricos y pobres, gente inteligente y menos inteligente, gente amable y aquellos que se habían olvidado de la amabilidad.

Y fue así que dos muy ordinarios padres tuvieron a un extraordinario niño pequeño. Este pequeño niño fue bendecido con la habilidad de obrar milagros. Pero tomo un tiempo para que esto fuera descubierto.

Su padre era un maravilloso pediatra, su madre tocaba el piano hermosamente y daba clases de música.

Por mucho tiempo, ellos soñaron con tener hijos por su cuenta y hasta que finalmente sucedió.

Cuando la madre del futuro pequeño obrador-de-milagros supo que iba a tener un hijo, se sintió como ¡la mujer más afortunada del mundo! ¡La misteriosa media-sonrisa de la constante satisfacción jugando en su rostro, ahora la hacía ver aún más hermosa, irradiando un suave y apenas perceptible brillo de felicidad!

El día finalmente llegó cuando el pequeño obrador-de-milagros vino a este mundo, y fue en ese mismísimo día, que su madre creyó que él había realizado su primer milagro.

Su madre, sabes, no tenía nada de leche materna, así que por supuesto le pidió a su esposo inmediatamente que fuera y encontrara una nodriza o que por lo menos comprara algo de leche.

Todo el rato, ella sostuvo al pequeño contra su pecho para que no fuera a llorar.

Pero entonces, ¡el pequeño empezó a chupar y, el delicado toque de sus labios, fue suficiente para hacer fluir la leche!

Ahora, puede que algunos digan que esto no es un milagro en absoluto; después de todo, no es de ninguna manera la primera vez que tal cosa ha pasado.

Hasta su padre, quien apurado volvió a casa con una pequeña botella de leche materna para su recién nacido y una lista de mujeres que dijeron que harían de nodrizas para el pequeño, gentilmente bromeó con su esposa sobre eso.

—¡Ahora, no te dije que esto suele pasar al principio, pero te preocupaste tanto sobre esto, querida mía!

La madre del pequeño, aun así, ¡estaba convencida de que fue un verdadero milagro!

Ella, por supuesto, aún no sabía que su hijo crecería para ser un verdadero obrador-de-milagros.

Los padres decidieron llamar al pequeño niño Daniel, pero todos usualmente solo lo llamaban Dan.

Los milagros parecían suceder para él por ellos mismos. Si él quería hacer algo bondadoso, eso era exactamente lo que sucedía. Primero, eran solo pequeñas cosas, y ni él mismo sabía cómo lograba hacerlas. Pero Dan sabía ¡que realmente le gustaba hacer estas cosas!

Un día por ejemplo, su mamá, rompió de ella su taza favorita y se enojó. El pequeño hacedor-de-magia no quería que ella estuviera afligida, así que ¡sostuvo las tres piezas rotas de la taza juntas y estás se pegaron nuevamente de tal forma que no podía verse ningún signo de que hubiera estado rota!

Los padres se preguntaron por mucho tiempo acerca de estos milagros insignificantes que sucedían de vez en cuando a través de su pequeño hijo.

Toda clase de otros pequeños milagros sucedían con él también. Por ejemplo, sus amigos podían encontrar dulces y lápices de colores en sus bolsillos como por magia, y una mariposa dibujada en un pedazo de papel podía hacerse real e irse aleteando fuera del papel…

Usualmente los niños pequeños que eran amigos de Dan, aceptaban estos milagros como algo completamente normal, mientras que los adultos pensaban que eran trucos de magia que Dan hacía para impresionar a sus amigos.

Como todos estos milagros eran actos de bondad, ninguno de los adultos se enfadaba con él.

¡Todos se encontraban muy felices cuando estaban con Dan!

¡Como un rayo de sol, el encendía todo a su alrededor con su amor! Todos a su alrededor —niños, adultos y hasta los pequeños animales— siempre se sentían muy felices en su amor. ¡Hasta las flores parecían verse más bonitas! ¡Los pájaros comenzaban a cantar sus canciones de primavera hasta en el otoño y estos mostraban su confianza posándose en la palma de su mano cuando sostenía en ella pequeñas migas de pan! ¡Gatos y perros venían y se agazapaban alrededor de sus piernas, no conociendo límite su felicidad cuando él les acariciaba!

En tanto para Dan, él nunca estaba triste y nunca lloraba. Y si cualesquiera alrededor estaban desanimados, él siempre sabía cómo animarles.

Si sus amigos estaban discutiendo, él se aseguraba de restablecer la armonía entre ellos.

Para comenzar, ¡Dan no sentía que fuera en nada diferente a sus amigos. Bueno, ¡tal vez solo un poco diferente!

Por ejemplo, él quedó muy sorprendido cuando se dio cuenta que no todos podían entender fácilmente lo que otra persona estaba pensando.

Fue entonces cuando el pequeño obrador-de-milagros se dio cuenta de que existía el Gran Obrador-De-Milagros-en-Jefe que la gente algunas veces llamaba Dios. Y el pequeño obrador-de-milagros realmente quiso parecerse al menos un poco a Él.

A medida que el tiempo pasó, Dan aprendió a cómo sentir Su Presencia siempre alrededor de él.

Si Dan miraba arriba hacia el cielo, él podía ver la Sonrisa del Gran Obrador-De-Milagros. O para ser más preciso, no la veía, ¡pero sentía como si el Mismísimo Gran Obrador-De-Milagros le sonreía a través de los cielos!

La luz del sol, como Dan la sentía, siempre estaba llena de Su Calor, Gentileza y Alegría.

Y las estrellas de la noche parecían ser brillos en Sus enormes Ojos, en los cuales cuentos sobre maravillosos mundos distantes podían ser vistos.

¡La mirada del Gran Obrador-De-Milagros era siempre tan amorosa!

Otra cosa que Dan podía sentir eran Sus Manos Mágicas. ¡Ellas le abrazaban, le contenían, y le atravesaban alcanzando el ser total de Dan, llenándole con un estado de dicha!

Estas Manos podían también apuntar en cuál dirección seguir y qué tenía que hacerse.

Y ahora, ¡tan pronto Dan siquiera pensaba en el Gran Obrador-De-Milagros, Su Presencia y Amor se hacían sentir!

Dan encontró fácil seguir el Consejo e Instrucciones del Gran Obrador-De-Milagros.

Fue gracias a esto que él empezó a entender que no es solo para maravillarse y divertirse que los verdaderos milagros son convocados; estos deben también ayudar a la gente a reconocer algo muy importante en la vida, el superar lo malo dentro de nosotros y aprender a hacer el bien.

Y así fue como Dan comenzó a tratar de ayudar a las personas que le rodeaban.

* * *

Había un chico que iba a la misma escuela de Dan pero él estaba apenas en primer grado. Sus padres le hacían quedarse en casa como castigo hasta que pudiera reconocer todas las letras del alfabeto. Estas estaban escritas en pequeñas cartas que yacían frente a él. ¡Pero el pequeño niño no podía siquiera soportar mirarlas!

Ahí, afuera, ¡el sol brillaba y sus amigos estaban jugando! Pero él era el único en toda la clase que no sabía las letras del alfabeto. Por eso él obtuvo malas calificaciones. Muchos de los otros niños y niñas, no solo sabían el alfabeto para ese entonces, ¡sino que ellos ya podían leer libros!

Dan le pregunto a los padres si le permitirían ayudar al niño y ellos dijeron que sí.

—Tú eres el mejor estudiante de la escuela. ¡Es tan bueno de tu parte que quieras ayudarle! Tal vez tú lo logres. ¡Él ha estado en la escuela por todo el año y ni siquiera ha dominado el alfabeto aún!

Dan fue a la habitación del niño quien lo recibió con sorpresa y deleite.

—¿Por qué ellos te dejaron venir a verme?

—Eso fue fácil —dijo Dan—. ¡Les dije que te ayudaría a aprender las letras del alfabeto!

—Solo un obrador-de-milagros podría hacer eso —replicó el niño—. Cómo deseo que un milagro como ese pase. ¡Así entonces podría aprender estas tontas letras y salir afuera a jugar!

—Yo te ayudaré —dijo Dan—. Es muy simple aprender a leer. Las letras en sí mismas son mágicas y pueden crear milagros.

Dan ordenó las pequeñas cartas en forma de abanico.

—Escoge cuatro cartas y colócalas en frente de ti.

Después de un poco de magia esto fue lo que pasó. Las cartas elegidas se combinaron en la palabra «gato». Y una brillante imagen de un gato apareció en el aire. ¡Parecía estar vivo! Gentilmente ondeó su cola peluda, se dio un largo estirón y después ¡maulló!

Los dos niños hicieron nuevamente lo mismo y apareció la palabra «perro», ¡y un feliz cachorrito saltó y dio un alegre ladrido!

De repente, ¡la agotadora tarea de aprenderse las letras se había transformado en un juego entretenido!

Dan explicó a su amigo, cómo diferentes combinaciones de letras podían hacer una palabra o incluso varias palabras, y cada vez que ellos trataron, una mágica imagen en movimiento aparecía.

¡Ese mismísimo día el pequeño niño aprendió a reconocer todas las letras! Dándose cuenta de cuán mágicas eran, ¡pronto estuvo muy dispuesto a aprender a leer!

Desde ese momento, cada vez que él leía un cuento, él siempre podía ver las imágenes mágicas que nadie más podía ver.

¡El niño creció para convertirse en un artista, haciendo dibujos para libros de cuentos y hasta para libros del alfabeto, para que así todos los niños aprendieran a amar la lectura!

* * *

Un día Dan sorprendió a tres hermanos con resorteras tirándole piedras a un pequeño cuervo. Ellos ya le habían dañado un ala a la pequeña ave. Ahora ya no podía volar y solo podía tratar de huir saltando, cuidando de su ala adolorida.

Dan se apresuró al rescate, interponiéndose entre los hermanos y la pequeña ave.

Los chicos bajaron sus catapultas.

—¡¿Por qué nos detienes en nuestro juego de cacería?! —dijo el hermano mayor.

—Ustedes dañaron el ala de la pequeña ave —dijo Dan—. Está adolorida, ¿acaso no lo ven? Cuando vuestro padre usa el cinturón en ustedes, ¿duele no? Entonces gritas «¡detente!».

»Ahora esta pequeña ave está sufriendo de igual forma, pero por absolutamente ninguna razón. Después de todo, el ave no les ha hecho a ustedes nada malo.

—¿Cómo supiste que nuestro padre nos pega con el cinturón? ¿Quién te ha estado contando chismes? —El hermano mayor levanto su puño listo para dar un golpe.

—¡Tú mismo lo acabas de recordar y Sam también! —dijo Dan, señalando al menor de los tres.

—¿Cómo sabes lo que otra persona está pensando? —preguntaron los chicos sorprendidos, con su enojo ya olvidado.

—Bueno, ¡solamente lo sé!

—Ok, ¡pruébalo!

—¡De acuerdo, piensen en lo que les gustaría en qué se transformasen vuestras resorteras y yo adivinaré la respuesta!

En un flash, en vez de una catapulta, cada uno de los niños sostenía ahora en su mano una piruleta, tal cual fue la idea que vino a sus cabezas.

Los chicos estaban tan asombrados que no supieron que decir.

Dan les dio una sonrisa.

—Es fácil —dijo él—. Si haces algo bueno, te hará feliz.

»Pero si piensas en algo malo o haces algo malo, entonces le permites a la tristeza y al dolor venir a tu vida.

»Así que por favor ¡no jueguen más con resorteras!

Con esas palabras Dan levantó al cuervo herido y partió para la casa; la pequeña ave se arrellenaba en él con confianza.

Dan trató de curar el ala de la pequeña ave pasando su mano sobre ella, en la misma forma en que lograba hacer desaparecer el dolor de cabeza de su madre o sus amigos de la escuela. Sin embargo, el ala no sanó. El dolor pasó, pero el ala no se recuperó.

—Parece que hay todavía mucho que no sé sobre curar —dijo Dan—. Te llevaré con mi padre, él es doctor. ¡No tengas miedo!

—A propósito, ¿cómo debemos llamarte?

—¡Kraa-ra! —graznó el cuervo.

—Muy bien, ¡Klara! —dijo Dan con una sonrisa.

* * *

El padre de Dan siempre estaba ocupado con su trabajo y tenía muy poco tiempo libre. Cuando no estaba afuera en su ronda visitando niños enfermos, él leía libros sobre varias enfermedades y cómo tratarlas. O si no, él mismo escribía artículos sobre lo que él había descubierto sobre cómo prevenir y tratar las dolencias en los niños.

Dan siempre trataba de no molestarle con trivialidades. Pero también él sabía que su padre siempre estaba listo para ofrecer ayuda y soporte cuando era necesario.

Él tocó a la puerta del estudio de su padre.

—¡Adelante Dan!

—¡Padre, está es Klara! ¡Ella necesita de tu ayuda!

Cuando su padre hubo terminado de vendar el ala de Klara, Dan le preguntó:

—¿Piensas que Klara pudiera quedarse con nosotros por un tiempo hasta que se recupere?

—Seguro, no me molesta, pero preguntémosle a tu madre a ver si está de acuerdo.

—Padre, hay algo más que quiero pedirte —dijo Dan—. ¿Tú conoces a Samuel, Pedro y Felipe? Bueno, el padre les pega con el cinturón y muy fuerte. Eso les puede volver temerosos y crueles hacia los débiles. ¿Crees que puedas tener unas palabras con él?

—¡Ajá!, ahora entiendo —dijo el padre de Dan—. Cuando estaba tratando a esos niños, no podía entender cómo podían golpearse entre ellos tan gravemente.

»De acuerdo, voy a tratar de hacerle entender al padre las posibles consecuencias de golpearles con el cinturón.

—¡Gracias padre! —dijo Dan—. ¡Ahora voy a mostrarle Klara a mamá!

* * *

La mamá también le permitió a Dan conservar a Klara en casa.

En cuanto a Klara, aun cuando se mejoró, ella no quería irse de su nuevo hogar.

Y fue así como este joven cuervo se convirtió en otro miembro de la familia. De hecho, no le tomó mucho aprender a decir palabras en el lenguaje humano.

Ella era de gran ayuda para Dan en las pequeñas demostraciones que él armaba para grandes y chicos, más frecuentes ahora. Ella se deleitaba en tomar pequeñas notas-mensajes de dentro de un sombrero, buscando diferentes objetos para Dan, mostrando su habilidad para decir palabras humanas en el momento justo y en muchas otras cosas además de estas. ¡Ella pronto se convirtió en la favorita de todos!

Un día, la familia se reunió para desayunar como de costumbre. Klara también acostumbraba a desayunar con ellos siempre.

Más tarde, cuando Dan estaba en la escuela, Klara tenía mucho tiempo libre en el cual ella volaba por el pueblo y se la pasaba con otros pájaros.

Nadie le impedía hacer lo que ella quisiera, pero lo que ella disfrutaba más que cualquier otra cosa era pasar tiempo con Dan, ¡porque ella aprendía mucho de él! ¡Ella era inteligente y talentosa y realmente le gustaba aprender!

Algunas veces, después de ella disfrutar el desayuno que se le había dado, Klara pedía un poquito más. Los cuervos, sabes, tienen el hábito de acumular provisiones de comida y Klara aún tenía este fuerte hábito.

Algunas veces también, Klara volaba con el pedazo de comida extra que se le había dado, al parecer, para compartirlo con alguien más.

En esta ocasión, Klara le pidió a la madre de Dan si ella podría recibir una rebanada grande de pan con queso.

—¿Por qué quieres tanto? —le preguntó la madre de Dan con voz amable—. ¡Te puede engordar y luego te costará volar! —bromeó ella sosteniendo el pan con queso.

—¡La necesito! —Klara aseguró en lenguaje humano.

Entonces, acomodando el pan con queso de mejor manera en su pico, voló a través de la ventana.

Diez minutos después Klara volvió y pidió más.

Esta vez Dan también se sorprendió. Él decidió que tenía suficiente tiempo antes de ir a la escuela para descubrir el por qué esta comida extra era tan importante para Klara.

Tomó la bolsa con comida que le había preparado su madre con tanto cuidado y la colocó dentro de su mochila de la escuela, diciendo que iba a dar un pequeño paseo antes de ir a clases.

Klara ya estaba esperándole sobre una rama justo encima del pórtico de la casa.

* * *

Klara voló adelante mostrándole en qué dirección ir.

Pronto se encontraron en un depósito abandonado cuyo techo había colapsado en varios lugares.

Dan entró y encontró a un niño de más o menos su misma edad.

Al comienzo el niño estaba asustado, pero viendo a Klara preguntó:

—¿Este cuervo domesticado es tuyo?

—Sí —dijo Dan—. Su nombre es Klara y el mío es Daniel, pero todos suelen llamarme tan solo Dan.

—Mi nombre es Tomás. ¿Sabes algo? ¡Klara me trajo dos rebanadas de pan con queso hoy! Yo quería compartirlas con ella pero ella se rehusó. Fue entonces cuando entendí que ella estaba entrenada. ¿Cómo la entrenaste?

—Bueno, ella es muy inteligente, ella se enseña a sí misma todo y ama hacer las cosas que yo le pido.

—¡Sí, clarroo, clarroo! —Klara graznó—. ¡Klara, clarroo!

—¡Qué, ella hasta sabe hablar!

Daniel le dio su bolsa de comida a Tom y prometió visitarle más tarde ese mismo día después de clases.

Después, esa tarde, Tom le contó a Dan todo sobre sí.

Tom solía vivir en un orfanato porque no tenía ni madre ni padre. Pero dos semanas antes, él se escapó y no quería volver al orfanato de nuevo. El nuevo encargado resultó ser muy gruñón y la vida en el orfanato se hizo terrible.

Al principio, —explicó Tom—, el disfrutaba su nueva-encontrada libertad. ¡Se había establecido en el subsuelo del depósito abandonado y preparado su propio lugar para vivir!

Él, orgulloso, les mostró la mesa, el guardarropa y la cama que había hecho con cajas de madera.

Sin embargo, a él no le gustaba robar o pedir, porque era probable que alguien lo encontrara y lo mandara de vuelta al orfanato. ¡Y eso era a lo que Tom más le temía de todo!

Desde ese día, Dan comenzó a detenerse en el lugar de Tom todos los días después de clases.

Los dos niños pronto se hicieron amigos y Dan le ofreció a Tom venir a vivir a su casa.

—Creo que mamá y papá estarán de acuerdo —él dijo.

—Pregúntales primero —replicó Tom—. ¡No quiero ser un intruso!

Así que Dan prometió hablar con sus padres.

En el medio, sin embargo, las cosas tomaron un giro diferente.

* * *

Era el comienzo de la primavera y los témpanos de hielo aún flotaban en el agua fría y oscura debajo del puente.

Sobre el puente, una mujer estaba de pie, sola.

Dan inmediatamente supo lo que la mujer estaba pensando. Ella se sentía infeliz e innecesaria y quería poner fin a su vida lanzándose al río.

Dan se apresuró hasta ella y suavemente tocó su mano.

La mujer se estremeció, porque ella ya estaba diciéndole adiós a todo aquí abajo en la Tierra.

—¡Este debe ser el Ángel del Señor interviniendo! —pensó ella.

Los ojos del niño desconocido resplandecieron muy brillantes, como si la luz se derramara fuera de ellos.

—¿Qué es lo que quieres pequeño niño?

—Tengo algo muy importante que decirle. De hecho, ¡necesito su ayuda!

—¿Necesitas mi ayuda?

—Sí. Bueno, no yo exactamente, ¡mi amigo! ¡Por favor venga conmigo señora y le contaré todo al respecto a medida que caminamos!

Dan tomó la mano de la señora. Su toque se sintió tan cálido en la mano de ella, que la calidez parecía derramársele directo dentro de su corazón.

Después de los momentos de total desesperación que ella estaba pasando, esta oleada de felicidad casi trajo lágrimas a sus ojos.

Dan pretendió no notar sus emociones y apretó su mano aún más firme a medida que él comenzó a hablarle de Tom.

—Bueno es de esta forma señora —dijo él—. Él es huérfano. Vivía en un orfanato y ahora se escapó. ¡Él no quiere volver ahí porque fue tratado muy mal! Tom quería escapar para siempre de ese miserable mundo en donde se sentía solo, infeliz, innecesario y sin amor. Él me dijo que quería correr a algún lugar lejano, muy lejano, pero no sabía exactamente a dónde.

—De hecho —dijo la mujer—, yo quería escaparme también.

—¡Sí señora, y es exactamente por eso el por qué usted puede entenderle! ¡Tal vez usted encuentre una forma de amarle y él encuentre una forma de amarle a usted!

»Usted puede crear un mundo lleno de felicidad para él y, haciendo esto por él, ¡usted será feliz también!

»Si en algún lugar hace frío, ¡ahí es donde tú necesitas encender un fuego para calentar las cosas! Y si encuentras que no hay bondad y amor en algún lugar, ¡ahí es donde tú necesitas hacer cosas bondadosas y dar amor! Estoy seguro de que usted puede ver esto señora.

—Sí, sí puedo —dijo ella—. ¿Pero qué si no puedo hacer que funcione? ¿Supongamos que a él yo no le gusto?

—¡Al menos tratemos! —dijo Dan—. Ahora supongo que usted se siente mejor de cómo se sentía hace un rato de pie en ese puente, ¿no?

A ese punto ellos llegaron al subsuelo donde Tom vivía.

—Mejor espere acá un momento —dijo Dan mientras entraba—. Necesito ir y avisarle.

»Bueno esto es así Tom —explicó Dan—. Ahí está una mujer que encontré de pie sobre el puente. Ella también está sola, como tú. Ella también quería escaparse, ¿ves? De hecho, ella quería escaparse de aquí para siempre, ella quería morir. ¡Pero tú podrías ayudarla! Mis padres accedieron a que vengas a vivir con nosotros, pero esta mujer te necesita más. ¡Ella realmente necesita un hijo!

—¿Ella es pobre o está enferma? —preguntó Tom—. ¡Bueno, yo puedo trabajar! Ellos nos enseñaron en el orfanato. ¡Yo la cuidaré!

La mujer, que no pudo esperar afuera por más tiempo, escuchó lo que Tom dijo.

—Y yo también cuidaré de ti, mi niño —dijo ella, llenándose de lágrimas por dentro—. ¡Intentaré ser una buena madre! Yo tengo una gran casa…

»¿Tal vez tú me perdones si algo sale diferente de como a ti te gustaría?

* * *

¡Ese día Dan se sentía especialmente feliz por lo que había conseguido hacer!

El Obrador-De-Milagros-en-Jefe le habló.

—¡Bien hecho, mi niño! ¡Hoy has entendido algo muy importante! ¡Puedes ayudar a las almas a encontrar felicidad, amor y sabiduría; uniéndolas de manera tal que ellas mismas puedan comenzar a hacer el bien las unas a las otras!

»¡Es desde esta unión en las emociones de amor que las almas encuentran felicidad!

»¡Pero el milagro más importante tomará lugar si puedes lograr unirlas a Mí!

»¡Si una persona ama a Dios y siente Mi Amor reciproco, esta persona descubrirá una gran felicidad, lo cual es más maravilloso que cualquier milagro!

Cuando Dan volvió a casa, su madre estaba sorprendida.

—¿Dónde está Tom? —preguntó ella—. Yo he preparado una habitación para él y la mesa está lista para cenar.

Dan le contó sobre todo lo que había pasado.

—¡Estoy complacida de que todo haya salido tan bien para él! —dijo ella—. Pero estoy un poco triste de no haber podido ayudar.

»En cuanto a ti, hijo mío, ¡has madurado tanto!

—Tengo otra idea mamá —dijo Dan—. En ese orfanato hay muchos más niños y su vida ahí no es muy feliz. No podemos traerlos a todos a nuestra casa, pero si comenzaras a enseñar música y canto ahí, podríamos hacer conciertos en el pueblo y ¡entonces muchos niños podrían encontrar padres adoptivos por su cuenta!

—Oh Daniel —dijo su madre—. ¡Qué buena idea es esa!

Y eso fue exactamente lo que la madre de Dan hizo. No mucho después muchas cosas cambiaron en el orfanato. Hasta el encargado, complacido por su nueva maestra, se hizo una persona más amable. Y los conciertos de música que ofrecían, derivaron en los más mágicos encuentros jamás soñados por Dan.

* * *

Un día, el padre llamó a Dan a su estudio para hablar de algo importante.

—Hay algo que tengo que pedirte hijo —le dijo—. Una nueva familia se ha mudado al pueblo y tienen una pequeña niña enferma. Ella no puede caminar después de un serio daño que recibió hace cuatro años. Es posible que ella pase por una operación complicada, pero la pequeña niña está tan débil que sería mucho para ella.

»Por el momento, no sé qué puedo hacer para ayudarle. Este es el paciente más triste que jamás he tenido.

»Si pudieras hacerte amigo de ella, tal vez mi tratamiento podría ser más efectivo.

—¿Aún conserva sus piernas después del accidente?

—Sí, pero no tiene ninguna sensibilidad en ellas y no puede moverlas. Es lo que, nosotros los doctores, llamamos un daño en la columna.

»En fin, la cosa es si pudieras hacerte amigo de ella y enseñarle a ser alegre aunque sea un poco… Su nombre es Elisa y le gusta leer libros con ilustraciones.

El día siguiente, Dan tomó el más lindo de sus libros de cuentos ilustrados y partió para ver a la nueva familia en el pueblo. Era verano y el clima estaba hermoso.

Dan tocó el timbre de la entrada de la casa con un jardín rodeado de muros impenetrables de ladrillos. El portero abrió la verja y, cuando su pequeño visitante le dijo del porqué había venido, condujo a Dan hacia la hermosa gran casa a través de un jardín con árboles altos y camas de flores cuidadas con esmero.

La señora de la casa, la madre de Elisa, abrió la puerta.

—Mi nombre es Daniel —dijo Dan, presentándose—. Mi padre es el pediatra que está tratando a su hija Elisa. Vine a jugar con ella.

—Mucho gusto en conocerte Dan —dijo ella—. Pero desafortunadamente no le permitimos visitas. Ella es una pequeña niña muy sensible y muy gravemente enferma. Cuando ella ve niños sanos, algunas veces pasa los días siguientes llorando o permaneciendo retraída, así que tratamos de protegerla de estos episodios estresantes.

»Aún en su silla de ruedas especialmente adaptada, ella se rehúsa de plano a ser llevada alrededor del pueblo para elegir nuevos juguetes o ropas. Ella se siente avergonzada de no ser como todos los demás niños y no poder corretear ni jugar.

»Fue por esto que nos mudamos aquí y compramos esta casa con jardín. Pero a pesar de que nadie puede verla, a ella no le gusta salir mucho al jardín.

»Recién abrimos las ventanas para que ella pueda respirar aire fresco y admirar los hermosos árboles.

—Bien, ¡pero por favor entréguele este libro! —dijo Dan, sosteniendo su regalo.

—¡Gracias! —dijo la madre de Elisa—. ¡Elisa estará muy contenta! ¡Ella ama leer! ¡Y que lindas fotos! ¡Tú eres un joven muy bondadoso! ¿Te gustaría un poco de té y torta?

—Gracias, pero no gracias. Me despido entonces.

El portero condujo a Dan de vuelta y la verja de metal se cerró detrás de él con un áspero sonido molesto.

Dan se pasó toda la tarde pensando sobre qué debía hacer ahora.

—Una casa tan bella —él pensó—, pero es como una prisión. ¿Qué debería hacer y cómo puedo ayudar a Elisa si ni siquiera me dejan verla? ¿Y qué haría yo mismo si fuera incapaz de caminar?

Todo el anochecer Dan trato de pensar en una solución para la situación.

Entonces Klara, el cuervo, entró volando a través de la ventana abierta. Voló alrededor de la habitación de Dan varias veces antes de aterrizar de espaldas a él, dándole una mirada artera y misteriosa.

—¡Tal vez yo podría tratar de aprender a volar! —pensó Dan, admirando a Klara.

Klara erizó las plumas de su cabeza y cuello, volteó su cabeza de manera atractiva y asintiendo dijo, —¡Genial! ¡Cra-aw!

Dan sonrió. —¿Te gusta la idea?

Bueno, los primeros intentos de Dan en copiar la forma en que Klara despegaba, aleteando sus brazos arriba y abajo, no fueron un rotundo éxito.

Sin embargo, él estaba convencido de que sería capaz de aprender a volar.

A lo largo de toda la noche, Dan soñó sobre sí mismo volando. En sus sueños era fácil. Él solo daba un pequeño empujón y, antes de darse cuenta, ¡su cuerpo se elevaba sin peso a través del aire! ¡Él ni siquiera tenía que ondear sus brazos! Todo lo que tenía que hacer era crear la intención del despegue para generar algo de velocidad y para girar en cualquier dirección, y esto solo sucedía!

Cuando Dan se despertó, aún antes del amanecer, encontró que podía hacer exactamente como en sus sueños. ¡Ahora podía volar! ¡Qué descubrimiento fue ese! ¡Resultó ser tan simple como eso!

* * *

Al día siguiente Dan y Klara partieron para la casa donde Elisa vivía. Dan fue caminando para no consternar a los transeúntes, pero estaba abrumado con el sentimiento de alegría de que él, en efecto, podía volar. Y Klara se adelantaba volando y volvía volando hacia él.

Cuando llegaron a la casa, Dan dijo:

—Tenemos que encontrar dónde está la habitación de Elisa.

Klara voló alrededor de toda la casa mirando a través de las ventanas. ¡Entonces aterrizó en el umbral de una ventana abierta dando un callado graznido de baja frecuencia para permitirle a Dan saber que había encontrado la habitación!

Elisa estaba reclinada en la cama sosteniendo un libro abierto. Era el mismo libro que su madre le había traído el día anterior. Era un libro muy bello y los cuentos eran tan interesantes y encantadores que Elisa estaba ajena a todo, absorta en el mundo de los personajes del libro de cuentos.

Y qué maravilloso era — ¡un mundo donde todas las dificultades podían ser superadas y las aventuras siempre terminaban bien al final!

En ese punto, Elisa pasó la última página y llegó al final del libro.

—¡Si tan solo pudiera quedarme en ese mundo mágico por siempre! —ella pensó en silencio.

Justó entonces, el cuervo aterrizó en el umbral de la ventana y graznó para alguien afuera.

—¡Cra-aw!

Entonces se volteó para saludar a Elisa y presentarse.

—¡Caw! ¡Caw! ¡Klar-ra!

¡Esto es magia! —Elisa pensó para sí misma.

Y entonces más cosas mágicas pasaron. Después de Klara, un niño apareció en el umbral de la ventana volando de ninguna parte.

—¡Hola Elisa! —dijo él—. Mi nombre es Dan y soy el hijo del doctor. Y esta es mi amiga Klara —dijo él apuntando al ave—. ¿Te molesta si entramos?

—Ya están adentro —dijo Elisa asombrada, pellizcando su brazo para ver si estaba soñando.

Entonces recordó sus modales añadiendo: —¿Eres tú quien me dio este libro como regalo? ¡Es muy interesante! ¡Gracias!

Dan se puso cómodo en la ventana y soltó una risita.

—¿Te molesta si te llamo Elisa, tu puedes llamarme Dan y podemos ser amigos?

—Bien, como ves, yo no soy como otros niños —dijo Elisa—. No estoy bien. No puedo caminar. Te voy a parecer aburrida.

—¡Yo tampoco soy como otros niños! —dijo Dan—. ¡Yo puedo hacer magia aunque todavía no sé mucho. Así que pienso que podemos ser amigos!

—¿Y tú crees que puedas curarme?

—No lo sé —dijo Dan—. No he tenido mucho éxito curando enfermedades aún. Pero quiero hacer el intento. En cualquier caso, también mi padre de verdad quiere que estés mejor, pero ninguno de nosotros puede hacer eso sin tu ayuda y sin la ayuda del Jefe Mago.

—¿El Jefe Mago? ¿Quién es ese?

—Dios. Él es Uno Quien creó todo aquí — a ti, a mí, los árboles, el mar, las flores, las montañas, las estrellas — ¡absolutamente todo!

—Bueno, yo digo mis oraciones todos los días pero no ayuda. Supongo que Él no puede oírme. ¿O tal vez yo no merezca que sean respondidas mis oraciones?

—¡No, eso es imposible! —dijo Dan—. ¡Él puedo oír y entender todo! ¡Él responde las oraciones de todos pero tenemos que aprender a entender Sus respuestas! ¿Tú no sabes, Elisa, que Él es el Obrador-De-Milagros-en-Jefe? ¿Nunca has sentido Su Mirada, o el Toque de Sus Manos Mágicas? ¿Nunca has sentido Su Aliento abanicando aire fresco en el calor y cálido en el frío? ¿Nunca has sentido Su Cuidado Paternal? ¡Él nos puede reprender por nuestros errores y ayudarnos a entender cómo enderezarlos! ¡Nosotros siempre tenemos algo que aprender de Él! En tiempos de problemas o peligro, Él siempre se para detrás de nosotros diciendo: «¡No temas que Yo estoy contigo!».

»¿Nunca has sentido algo de esto?

—No, nunca —dijo Elisa tristemente y un poco irritada.

Entonces, ¡inesperadamente, una Ola de Luz descendió sobre ella!

—¡Ah sí, ahora lo recuerdo! —dijo ella—. Yo Le vi cuando… bueno, cuando todas esas cosas malas me pasaron. Él me dijo que mis padres morirían de pesar si mi cuerpo no volvía a la vida. Y hay otra cosa que también Él me dijo, pero luego no pude recordar exactamente qué era. ¡Sí, lo que me dices es verdad! ¡Eso es genial! ¿Cómo pude haberme olvidado?

»¿Y qué hay sobre ti, qué otras cosas mágicas puedes hacer? —Ella preguntó.

—Bueno, aún estoy aprendiendo de Él por el momento —contestó Dan.

—¿Tú estás aprendiendo de Dios?¿Tú puedes hablar con Dios?¿Tú puedes preguntarle algo a Él y Él te oirá y responderá?

—¡Claro! —dijo Dan—. ¡Y tú también! ¡Todos nosotros somos Sus hijos! ¡Él puede otorgarnos maravillosas oportunidades de las cuales nosotros podemos hacer uso! ¡Y podemos ayudarnos entre nosotros a aprender!

—Ah, no hay forma de que yo pueda hacer algo para ayudar a nadie —dijo Elisa—. Y en cuanto a ayudarme a mí, no hay nadie que pueda hacer eso.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Dan—. Tú ya me ayudaste. ¡Me has enseñado a volar!

—¿Yo? ¿Yo te enseñé a volar?

—¡Por supuesto! —contestó Dan—. Ayer pasé toda la tarde preguntándome cómo sería la vida para mí si no pudiera caminar. ¡Y ahora he aprendido a volar gracias a ti y a Klara!

—¡Muéstrame entonces!

Dan se suspendió en el medio del aire, luego dio un pequeño vuelo alrededor de la habitación y se detuvo al lado de la cama de Elisa.

—¿Tú piensas que yo pueda hacer eso? —preguntó Elisa.

—¡Tratemos! —dijo Dan.

Pero Elisa no fue capaz de despegar, sin importar cuánto lo quería.

—Nada funciona para mí cuando hago el intento —suspiró ella tristemente.

—¡No digas eso! —dijo Dan—. ¿Acaso crees que las cosas me funcionan siempre en el primer intento? Tenemos que aprender, «¡para eso mismo es que estamos aquí!»

Klara voló hasta la cama y se posó en la cabecera para unirse a la conversación.

—Caw, caw, caw, caw —ella graznó—. ¡Otra vez, otra vez, inténtelo de nuevo!

—¿Acaso ella me acaba de decir algo? —preguntó Elisa.

—Sí —dijo Dan—. Ella explicó que el aprender es siempre un proceso gradual. Las aves jóvenes tienen alas pero hasta ellas tienen que aprender a volar.

—¿Crees que le moleste si la acaricio? —preguntó Elisa.

—¡Ca-aw! —murmuró Klara, saltando cerca para dejar a Elisa acariciar su cuello.

* * *

Para ese entonces, Dan iba a ver a Elisa casi todos los días. Ella le contó a sus padres sobre Dan y viendo el cambio que había ocurrido en su hija, ellos estaban muy complacidos que Dan se haya hecho amigo de ella.

—Elisa —Dan dijo un día—. He estado esforzándome en pensar una forma de curarte. Pero en gran parte dependerá de ti misma. Yo sé que tengo que enseñarte a brillar y a sonreír con el corazón espiritual. Cuando el amor florece en nuestros corazones como una hermosa flor, es cuando Dios se acomoda adentro de ellos y se regocija. ¡Desde ese corazón Él sonríe a otros seres! ¡Y es ahí cuando tú, también, sonríes y te regocijas junto con Él! ¡Entonces comienzas a vivir en tu corazón, a vivir con Él! ¡Es un sentimiento asombroso cuando tú y Dios están juntos!

»Vamos a tratar algo —Dan continuó—. Vamos a imaginar que dentro de cada uno de nosotros brilla un pequeño sol y sus rayos pueden tocar todo, pero de una manera muy sutil y amable.

—¿Cómo lo que te pasa a ti quieres decir? —preguntó Elisa.

—¡Es genial que puedas ver eso! —dijo Dan—. ¡Eso significa que funcionará para ti también!

Y en efecto, Elisa fue capaz de sentir el amor y calidez del pequeño sol dentro de ella, y fue bañada en las Olas de Su Felicidad y Alegría.

—¡Esto es asombroso! —dijo ella.

—Y ahora trata de hacer brillar tu luz en todos a tu alrededor. Hazla brillar sobre Klara, sobre mí, sobre tu madre, sobre tu padre.

—¡Pero madre y padre no están aquí! —protestó Elisa.

—Eso no importa —contestó Dan—. ¡Los rayos de tu pequeño sol enviarán este amor a cualquier distancia!

¡Elisa comenzó a tratar y lo consiguió!

—No hace mucho tiempo —Dan explicó—, me di cuenta de que no importaba cuánta magia hacía para otros, los verdaderos milagros comenzaban cuando cada uno de ellos descubría dentro de ellos esta habilidad de dar amor. Es como dar y recibir regalos. ¡Es agradable recibir regalos, pero cuando das regalos a otros, eso es aún más agradable!

—Pero hace mucho tiempo que no doy regalos a nadie —Elisa señaló.

—¡Entonces tenemos que hacer algo al respecto! —dijo Dan—. Escucha, tengo una idea: ¡vamos a hacer una fiesta de cumpleaños para ti! ¡Tú darás regalos a tus invitados, le sonreirás a todo el mundo y brillarás tu luz sobre ellos desde tu corazón espiritual! Y estos juguetes de aquí, ¿Tal vez puedas darlos como regalos?

—¡Pero mi cumpleaños fue hace tres meses atrás!

—¡Ese no fue tu verdadero cumpleaños! —dijo Dan—. Ese fue un día ordinario diez años después del día en que viniste a este mundo en este cuerpo. ¡Nosotros vamos a hacer una verdadera celebración para honrar tu vuelta a la vida y a la alegría! ¡Tú vas a dar regalos y felicidad a las otras personas!

—¡Genial! —dijo Elisa—. ¡Me gusta esa idea! ¿Pero a quién debemos invitar? ¡No conozco a nadie excepto a ti!

—Nosotros debemos invitar a niños de familias pobres que no hayan ido a una fiesta de cumpleaños en mucho tiempo —dijo Dan—. ¿Te sientes feliz de darles tus juguetes? ¿Estás segura de que no te arrepentirás de regalarlos?

—¡Por supuesto que no! —dijo Elisa.

—¡Eso es maravilloso entonces! ¡Voy a hablar con tus padres y tú también debes hacer lo mismo! ¡Vamos a organizarlo todo!

* * *

Dan decidió no retrasar el hablar con los padres de Elisa y lo hizo ese mismo día.

—¿Podrían darle a Elisa un caballo para su cumpleaños, un caballo de verdad? Yo le enseñaré a cómo montarlo. Me sentaré detrás de ella y la sostendré. ¡Tendré mucho cuidado y ella será capaz de ver y aprender muchas cosas interesantes!

Los padres de Elisa quedaron atónitos con la sugerencia.

—¡No Daniel! —dijeron ellos—. Eso es muy peligroso. Supón que algo pase y agrave su condición.

—Al contrario, ¡esto le ayudará a curarse! —dijo Dan—. ¿Por qué no preguntar a mi padre?

—Está bien —ellos concedieron—. ¡Vamos a pensarlo un poco!

—Pero no le adelanten nada de esto a ella —Dan solicitó como si ellos ya hubieran accedido—. ¡Que sea una sorpresa!

No les tomó mucho a los padres de Elisa decidirse. La trasformación de su hija desde su amistad con Dan había sido tan grande que decidieron tomar el riesgo. Ellos le preguntaron al doctor, el padre de Dan, y él estuvo de acuerdo en que beneficiaría a la pequeña niña.

Así que la fiesta empezó.

Al comienzo, los niños que habían sido invitados eran un poco tímidos debido a los nuevos alrededores y al hecho de que Elisa no pudiera caminar.

Pero Dan muy rápidamente entretuvo a todos con trucos mágicos y adivinando lo que la gente estaba deseando y pensando. Y Klara era de tan gran ayuda, que cualquier signo de timidez o incomodidad, desaparecieron por completo.

Luego, hubo té con torta de cumpleaños y caramelos.

Después de eso, Elisa invitó a todos para que escogieran cualquier juguete que les gustara como regalo. Sin embargo, una pequeña niña escogió no una muñeca, sino un libro «el mismo libro que Dan le había dado a Elisa».

—¿Puedo tener esto? —ella preguntó.

Elisa estaba un poco indecisa porque ese libro significaba tanto para ella. Pero entonces ella se iluminó con una afectuosa sonrisa desde el corazón.

—¡Por supuesto! —dijo ella—. ¡Por favor tómalo!

—¡Tú has logrado hacerlo! ¡Este fue el mejor regalo que les has dado a todos ellos! —susurró Dan al oído de Elisa.

En este punto el padre tomó a Elisa de la mano y todos salieron al jardín.

Esperando ahí estaba un caballo blanco, el regalo de ellos para Elisa.

Todos tomaron turnos para montarle, con Dan tomando al caballo por las riendas. ¡Todos estaban muy felices!

Esa tarde los padres de Elisa se dieron un abrazo. La madre secó lágrimas de alegría de sus ojos. ¡Habían pasado cuatro años desde que no veían a su hija tan feliz!

* * *

Desde ese día, la vida de Elisa cambió dramáticamente. Dan le enseñó a montar a caballo. Cada vez ellos cabalgaban un poco más lejos, sentándose a horcajadas juntos con Elisa al frente y Dan detrás de ella dándole un poco de apoyo.

Elisa vio el bosque, el río y dos lagos cerca del pueblo. Ella se fortaleció y se bronceó, aprendiendo a disfrutar de la luz del sol, el trino de las aves, la belleza de la mañana y la calma de la tarde.

El padre de Dan hizo arreglos para que la niña fuera operada. Su salud había mejorado notablemente y ahora se consideraba que todo sucedería favorablemente.

El día anterior, ella debía ir al hospital para la operación, Dan y Elisa partieron montados a caballo.

Como de costumbre, Klara acompañaba a los jóvenes volando en la delantera.

Ellos llegaron a un claro de margaritas y jacintos silvestre.

—Por favor, ¡toma algunas de estas flores para mí! —dijo Elisa.

—¡No Elisa! —dijo Dan—. Cada una de estas flores tiene solo un tallo conectado a la raíz que les da la vida. No quiero tomarlas porque luego morirán.

Elisa se enrojeció de vergüenza.

—Oh, no pensé en eso —dijo ella—. ¡Lo siento! Yo había visto y leído sobre las personas dándose flores y pensé que estaba bien.

—Sí, eso es lo que muchos piensan —contesto Dan—. ¡Pero no debemos tomarlas solo para darlas a alguien como regalo. Desafortunadamente, cuando las personas tienen buena salud, riqueza y todo va bien para ellos en la vida, ellos paran de sentir el infortunio de otros y el dolor de otros seres vivos. Ellos dan una pequeña moneda a los mendigos camino de la iglesia pensando que han hecho una buena acción. Luego siguen con sus vidas, sin reflexionar sobre el hecho de que el bien con el cual cada persona puede contribuir al mundo, es en cuantía mucho más que una pequeña moneda!

»¿Cuándo te encuentres mejor y todas tus tristezas y dificultades sean algo del pasado distante, tú nunca serás así, Elisa, cierto?

—¡Voy a tratar de que no, Dan! —ella contestó.

»Hay algo que quiero decirte —dijo ella—. Hoy soñé que ambos dos estábamos volando. ¿Pudiera ser que esto significara que tal vez no sobreviva a la operación?

—¿Cómo puedes decir tal cosa? Ya tú has aprendido a cómo ser valiente. Dame tu mano, ¡ahora volaremos juntos!

Esta vez funcionó para Dan. Él era lo suficientemente fuerte como para permitir que ambos despegaran al aire juntos, así que despegaron y se elevaron sobre el claro, sobre los árboles y por sobre el lago.

Luego retornaron a casa lentamente, conscientes de que el Gran-Obrador-De-Milagros Quien les había dado el milagro de esto en ese día estaba siempre con ellos y que junto con Él, ¡cualquier milagro estaba dentro de sus poderes!

* * *

Así que ahora llevaremos al final nuestro cuento sobre el niño que podía hacer magia. Elisa tuvo su operación y ella subsecuentemente recuperó toda su salud y fue capaz de caminar otra vez.

Cuando se convirtieron en adultos, Elisa se convirtió en la esposa de Dan y asistente en sus asombrosas demostraciones mágicas con las cuales viajaron por el mundo. Dan nunca dejó de aprender y se convirtió en un verdadero Obrador de Milagros. ¡El amor de ambos era el que constantemente les ayudaba a llevar a cabo verdaderos Grandes Milagros Divinos y a enseñar a otras personas merecedoras a hacer lo mismo!


 
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