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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Capítulo 5: Víctor, el chico antipático
 

Capítulo 5:
Víctor, el chico antipático

Asya, el abuelo Basilio, Amiguete y Ronroneo, regresaban todos los días muy felices después de su habitual visita al lago.

Sin embargo, Ronroneo usualmente prefería no nadar en el lago, sino sentarse contemplativo en la orilla mientras los otros tres nadaban. Para no sentirse sucio, cuidadosamente lamía y peinaba su pelaje para, al volver a casa, sentirse tan limpio como si hubiera nadado alegremente con sus amigos.

¡El verano estaba en pleno apogeo y el clima estaba hermoso! ¡El sendero del bosque, iluminado por los rayos del sol que se filtraban por las hojas de los árboles, parecía fabulosamente hermoso!

Amiguete, siempre corría adelante, y a veces, regresaba para decir con sus alegres ladridos: «¡Qué olores tan deliciosos! ¡Qué verano maravilloso!», o decía: «¡Un conejito corrió aquí por la mañana!», o «¡Miren, qué hermosas flores y mariposas hay acá!»

Ronroneo, a cierta distancia, caminaba lentamente, unas veces adelante, otras veces en la retaguardia. De vez en cuando, ronroneaba sus pensamientos: «¡Bueno, bueno… ¿por qué Amiguete es tan ruidoso con su alegría?! ¡Estamos rodeados de tanta gracia! ¡Con tanto ladrido entusiasta, no se puede apreciar esta dicha! ¡Sería mejor para él si escuchara el silencio más a menudo!»

¡Asya, estaba sorprendida al notar que ahora, entendía a Amiguete y a Ronroneo!

Le dijo al abuelo:

—¡Me parece que a veces, puedo también entender el lenguaje mágico! ¡E incluso puedo ver un poco del Mundo Mágico!

»¡Ahora, por ejemplo, yo camino —y me vuelvo como un sol sonriente con manos—! ¡Y —como nuestro sol— yo también puedo brillar y acariciar todo con mi alma, que ahora, es más grande que mi cuerpo! Tú me hablaste de esto anteriormente y simplemente te creí. ¡Pero ahora, resulta que todo es tal cual me dijiste! ¿Significa esto que soy de aquellos que ya están en el Mundo Mágico?

—¡Por supuesto, Asya! ¡Siempre que una persona ama de manera sincera y desinteresada, —toca con su alma el Mundo Mágico—! Y luego, desarrolla la habilidad para ver ese mundo —cada vez mejor—.

»Por cierto, tengo una pregunta importante para hacerte hoy. Quieren traerme un niño para yo darle tratamiento. Y tal vez tenga que quedarse con nosotros por un tiempo. Será muy difícil para mí curarlo sin tu ayuda. ¿Estás de acuerdo en ayudarme?

—¡Por supuesto! Pero yo no sé cómo dar tratamiento a los demás…

—El amor del corazón —siempre cura— aunque no todos lo saben. Entonces, ¿estás de acuerdo?

—¡Sí!

—¡Genial!

»Este niño tuvo un accidente automovilístico y no puede caminar. Está en silla de ruedas. Tú y Amiguete entonces tienen un trabajo por hacer antes de su llegada: nivelar los caminos alrededor de la casa y el camino hacia el lago. ¿Puedes hacer esto?

… Asya y Amiguete, se pasaron dos días trabajando en esta tarea. Nivelaron los bultos y llenaron los baches. ¡Todo salió bien! Amiguete, muy diligentemente hizo su parte con sus patas, y Asya, hizo lo suyo con la ayuda de una pala. Ronroneo, mostraba los lugares que necesitaban ser nivelados, y luego evaluaba el trabajo diciendo: «¡Miaaau! ¡Muy, muy bien! ¡Rrrrrrrrrrr!»

¡Asya, ahora siempre estaba feliz cuando podía entender correctamente lo que decían Ronroneo o Amiguete!

La casa también fue preparada para la llegada del niño, cuyo nombre era Víctor. Prepararon una habitación para él así como muchas otras cosas que el abuelo Basilio planificó.

A menudo, el abuelo de Asya recibía huéspedes que venían para ser sanados. Algunos los trataba con vapor en la sala de baños, otros recibían decocciones de hierbas curativas y miel, también les hablaba sobre lo que debían cambiar en sí mismos, y cómo debían vivir para estar más saludables. Pero ninguno de estos visitantes se quedaba por mucho tiempo, y Asya casi no participaba de esto. Ella, podía poner la mesa o traer miel y hierbas de las reservas del abuelo, pero no mucho más que esto. ¡Pero ahora, Asya se sentía como una verdadera asistente!

… Pero, cuando llegó Víctor con su tutor, todo… de alguna manera, no resultó exactamente como Asya había esperado.

A Asya, no le cayó bien Víctor…

Llegó en una silla de ruedas motorizada súper moderna, jugando con su celular caro, y sin prestar atención a nadie tan solo murmuró indiferentemente: «hola», sin ni siquiera levantar la mirada.

El tutor que le acompañaba, le dijo al abuelo Basilio que después del accidente, Víctor permaneció por mucho tiempo en coma, y que cuando recuperó la conciencia, —no podía caminar—. También dijo que ningún médico, incluso en el extranjero, encontraba la forma de curarle, y que aunque no había lesiones visibles en las piernas o en la columna vertebral, ningún procedimiento ayudaba.

El tutor le entregó al abuelo, una gruesa carpeta con el historial médico de Víctor.

Este iba a quedarse para cuidar al niño, pero el abuelo Basilio le dijo que podrían arreglárselas bien sin él.

Y así, después de acomodar las cosas de Víctor y asegurarse de que todo estuviera bien provisto para el niño, el hombre les dejó.

A Asya le pareció que mientras todo esto sucedía, —el Mundo Mágico parecía ocultarse a la vista—.

Cuando el automóvil, con el tutor que acompañaba a Víctor se marchó, inmediatamente todo mejoró de alguna manera: el espacio de luz y alegría volvió a ser casi como era antes. Solo, alrededor de Víctor, —una especie de isla gris como una sombra nublada— le rodeaba por todos lados. En esta «isla», las leyes del Mundo Mágico no actuaban, y la vida obedecía las reglas habituales de la sombría vida cotidiana…

Ronroneo, que pasaba por ahí, incluso trató de no cruzar los límites de esta «isla» gris, y caminaba más allá de su borde.

Asya, llamó a Ronroneo para presentarle a Víctor. Ronroneo, de mala gana saltó al regazo de Víctor, pero el niño sacudió al gato con disgusto y continuó jugando con su teléfono.

Amiguete, feliz, quería lanzarse para darse a conocer. Meneaba la cola con todas sus fuerzas y de un salto se levantó, pero Víctor… dijo: «llévense a este perro»…

El abuelo Basilio, parecía no darse cuenta de la actitud hostil de Víctor hacia todos. Comenzó a mostrar y hablar sobre lo que había en la casa y sus alrededores, y qué cosas podía usar Víctor y cómo usarlas. Víctor, apenas si lo escuchó.

Cuando terminaron de mostrarle la casa a Víctor, el abuelo Basilio de repente le preguntó:

—¿Víctor, quisieras caminar y correr?

—¿Y qué si quiero o no quiero? ¿Qué le importa? Está bien, tráteme si lo necesita… ¡Mis padres le pagarán mucho dinero si de repente puedo empezar a tropezarme con muletas por los alrededores! ¡Pero estoy harto de todo esto!

—Víctor, en realidad tú estás sano, solo que de alguna forma te olvidaste de esto después de tu accidente. Te ayudaré a recordarlo, si es que quieres esto, por supuesto.

—¡¿Que estoy sano?! ¿Acaso ha perdido el sentido?

Víctor indignado, le lanzó incluso una mirada desagradable al abuelo Basilio.

»¡Me dejaron aquí con un viejo loco! Y qué: ¿ahora me toca soportar esto?

—El teléfono está en tus manos. Has la llamada —pero así todo continuará como hasta ahora—…

… Víctor, lo pensó un poco:

—¡Bueno, inténtelo! ¡Cúreme! ¡Las cosas no han sido peores de «lo que son ahora»!

… Más tarde, Víctor fue llevado a su habitación para que descansase; el abuelo Basilio, cuando se quedó a solas con Asya, le dijo:

—Víctor está muy molesto por el momento… A veces, esto puede pasarle a las personas…

»Cuando una persona piensa tan solo en sus propios pesares y enfermedades, entonces estos se intensifican. Víctor, para distraerse de esta realidad y no pensar en nada de esto, intenta jugar todo tipo de videojuegos diferentes… O derrama su mal humor sobre los demás… ¡Y ha acumulado un muy, muy mal carácter!…

»Si ustedes dos se hacen amigos, —podrías ayudarle—.

»El hombre está hecho de tal manera que aquello a lo cual dedica mucho su pensamiento, y hacia dónde dirige la atención del alma, —es ahí hacia donde fluye su fuerza—. Es por ello que uno necesita enviar su atención solo a las cosas buenas. Pero esto no es tan fácil…

… Al día siguiente, Asya comenzó a tratar de establecer algunos puntos en común con Víctor. Ella le preguntó:

—¿Qué juego estás jugando en tu teléfono?

—¿No puedes ver?

—Veo, pero no sé cómo se llama. Mi padre me prohibió jugar cualquiera de estos videojuegos…

—¿Te lo prohibió por completo?

—Completamente…

—¿Y qué? ¿Realmente le obedeces en esto?

—Sí…

—Bueno… Pues tú… ¡Ni siquiera sé qué decirte!… ¡Eres un dinosaurio! ¡Parece que este es el lugar perfecto para ti y tu abuelo loco!

—Por favor, ¡no hables mal del abuelo! De lo contrario, ¡ni siquiera veré tu pequeño sol en el charco!

—¿Que acabas de decir? ¿Qué sol puede haber en un charco?

—Uno normal, que se refleja… Te lo explicaré más tarde…

»¡Y no pienses de ninguna manera que soy anticuada! ¡Puedo usar una computadora! ¡Y no lo hago nada mal!

—Si aquí hubiera buena conexión a internet, te enseñaría a jugar muchos juegos. ¡Tengo un iPad buenísimo! No sería tan aburrido. Pero la conexión aquí es malísima. Si quieres, te mostraré unos juegos que descargué, pero ya estoy cansado de ellos…

—¡Pero aquí hay otras cosas mucho más interesantes!

—¡Puede que sean interesantes para gente como tú y tu abuelo! Pero ¿para gente inteligente?

»¡Tú vives en una época diferente! ¡Hoy en día —con internet— una persona puede hacer cualquier cosa, incluso en una silla de ruedas! ¿Has oído hablar de Stephen Hawking?

—Algo escuché. El abuelo dijo que Stephen Hawking fantaseó montones de cosas…

—Estaba completamente paralizado. Incluso hablaba con la ayuda de una computadora… ¡Pero se hizo famoso en todo el mundo!

—Bueno, no se hizo famoso por estar enfermo. Sino por el hecho de que quería saber todo sobre el universo…

»Víctor, ¿es verdad que realmente no quieres ni siquiera intentar recuperarte?

—¿Para qué crearse falsas esperanzas? ¡Durante los últimos años después de cada tratamiento —las cosas solo empeoraron—! Fui tratado en Alemania y, en Israel… ¿Y qué? ¿Tú crees que tu abuelo —y trataré de no expresarme con rudeza— pueda llegar a hacerlo mejor? ¿Qué? ¡¿Es acaso algún tipo de mago?!…

—¡Yo creo que él puede ayudarte! Fue después que me llevaron al hospital que realmente quise recuperarme…

—¿Tú? ¿En el hospital?

—Sí, los médicos pensaban que podría tener cáncer, pero no me decían nada. Pero aquí, el abuelo ha cambiado mucho de mí. Es como si él reconfigurara todo dentro de mí. ¡Y ahora estoy curada!

… Con su silla de ruedas super moderna, Víctor podía rápidamente desplazarse a distintos lugares de forma autónoma. O bien, con la ayuda de Asya o el abuelo Basilio.

Por lo tanto, en los días siguientes, le fue posible visitar el lago y bañarse allí. El abuelo, comenzó a enseñarle a Víctor a nadar.

También, inventó muchos procedimientos especiales y gimnasia especial para Víctor.

Pero hasta entonces, nada tenía demasiado éxito… La nube gris que aislaba a Víctor del Mundo Mágico, no se disipaba.


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