English Español Français Deutsch Italiano Český Polski Русский Română Українська Português Eesti 中文 日本

Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Capítulo 4. Sobre la vida junto al Maestro
 

Un libro acerca del Maestro Jesús/Capítulo 4. Sobre la vida junto al Maestro


Capítulo 4.
Sobre la vida junto al Maestro

Muchas personas creen que a nosotros, los compañeros más cercanos de Jesús, se nos hizo mucho más fácil superar los escalones hacia lo Divino. Y ciertamente fue así, pero solo en parte. Es verdad que estuvimos cerca de Jesús unos tres años, pero para expresarlo mejor, tres años agotadores… Por más de mil días estuvimos todo el tiempo junto a Él… Y cada día se sintió como toda una vida. Claramente al principio, no nos dábamos cuenta de la inmensa importancia que tenían cada uno de los minutos, horas y días pasados junto al Maestro.

Nos alegraba enormemente la gran dicha de haber sido elegidos por Él, de ser Sus apóstoles y Sus compañeros más cercanos. Pero había mucho malentendido sobre cómo y por qué Jesús actuaba en cada situación particular. A menudo nos desconcertaba el hecho de que no usara la Gran Fuerza que poseía, cuando podría haber cambiado los acontecimientos que nos rodeaban y las circunstancias con un solo acto de Su Voluntad…

A veces, dudábamos, nos sentíamos confundidos e incapaces de entender. Nos parecía también que si el Maestro Divino estaba en la Tierra, todos los seres humanos creerían en Él de inmediato y verían al instante la Verdad de su Gloria. Veíamos que el Poder de Jesús era Ilimitado, lo comprobábamos una y otra vez. Nos parecía que si Él manifestaba por completo Su Poder, absolutamente todo cambiaría en este mundo. Pero Él no lo hacía… simplemente hablaba, explicaba, y contaba parábolas… Incluso Jesús no sanaba a todos los que anhelaban ser curados… No entendíamos muchas cosas en ese momento aunque ciertamente Lo amábamos infinitamente y confiábamos en Él.

* * *

Aquí un episodio entre muchos:

… Hacía frío ese día.

A todo el rededor nuestro se acumulaban nubes de tormenta, pero sobre nuestras cabezas brillaba el sol y se podía ver un brillante cielo azul.

—¿Estás controlando el estado del tiempo, Jesús? ¿Alejas las nubes de nosotros? —Preguntó Juan.

—¡Por supuesto que no, Juan!

»¿Acaso vale la pena hacer uso de la Fuerza Divina para dispersar unas pocas nubes? ¿Qué problema hay con que nuestros cuerpos y ropas se mojen con la lluvia? Es el Padre Celestial Quien nos bendice hoy así. Pero tal vez mañana nos envié una fuerte lluvia con viento por el bien de todos. Y esto también será Su Bendición. ¡Y verán nuevamente que cada bendición del Padre Celestial está diseñada para nuestro bien!

… Y ciertamente, al día siguiente se desató un mal tiempo terrible.

Un aguacero denso con corrientes violentas de aire frío nos halló a la intemperie sin haber donde refugiarse.

Recordando las palabras de Jesús del día anterior, tratábamos de no murmurar ni pedirle que detuviera la terrible tormenta que se desataba sobre nosotros. Al corto tiempo, dimos con una muy humilde choza delante de nosotros.

En ella vivía una familia: un hombre, una mujer, sus cuatro hijos y el anciano padre. Estas personas eran muy pobres, pero nos recibieron con mucho cariño. Amablemente, sin saber que su huésped era el Mesías, se esmeraron en brindarle una cálida bienvenida a los viajeros empapados y hambrientos. Compartieron con nosotros su humilde lecho y su escasa comida. Nosotros éramos muchos… ¡Mas no obstante, mostrando una generosidad inmensa, pusieron todo lo que tenían sobre la mesa sin reservarse nada para ellos!

Jesús, por su parte, pareció manifestar parte de Su Poder y empezaron a sucederse pequeños detalles milagrosos. Todos nos dimos cuenta con asombro que la comida que la familia puso sobre la mesa no disminuía a pesar de que se repartía entre todos. Tanto los anfitriones como nosotros recibimos más que suficiente en nuestros tazones, y al final resultó que había más alimentos que al principio. Además, increíblemente la comida tenía un sabor y aroma maravillosos a pesar de ser a simple vista una comida modesta preparada por gente muy humilde. La comida misma se transformó de manera mágica.

La hija mayor llenó un tazón para el anciano que yacía en un lecho en la esquina de la choza. Fue a alimentarlo ya que sus brazos y piernas estaban paralizados.

Pero el anciano enfermo dijo:

«¡Gracias querida, pero no es alimento lo que necesito, sino algo más elevado… Veo que entre nuestros invitados hay un Hombre Santo. ¡Ten piedad de mí, oh Señor, ruega a Dios por mí, hace tiempo que debí haber partido y no entiendo por qué aún sigo vivo! Me entristece ser una carga para la familia de mi hijo. No me levanto de la cama desde hace más de un año.»

Jesús se dirigió amablemente al anciano:

«Aún no era tu momento de partir. Te estaba dado escuchar algo importante sobre Dios, lo que cambiará el resto de tu vida antes de que te vayas al Padre Celestial. ¡Levántate, ven a la mesa y come con nosotros!»

El anciano de repente se sintió con fuerza y se levantó de su lecho. ¡Todos miramos con asombro este ya gran milagro de curación!

Durante el resto de la comida, Jesús habló sobre el propósito de la vida humana. Que el amor del corazón, la bondad y la humildad revelan en las almas la capacidad de ver a Dios, escucharlo, entender Sus instrucciones y vivir en armonía con la Voluntad Divina, tanto en lo grande como en lo pequeño.

Y el Resplandor del Amor Divino colmó el espacio de la pobre choza, y la comprensión penetraba en las almas de todos los presentes. Y el primer toque del Amor Divino Viviente les ocurrió a estas personas. Y nosotros también saboreamos los Dones Celestiales del Amor y la Sabiduría durante esta memorable comida.

Después, Jesús nos dijo en privado:

«¿Notaron cuán sabiamente actuamos hoy regocijándonos en la lluvia y el viento? La tormenta nos guió a la casa donde éramos necesarios. Esta es una de las formas como Dios guía a quienes aún no tienen una comprensión directa de Su Voluntad.»

… Al día siguiente, alrededor de la pobre choza se reunió mucha gente después de que se corrió la voz de que el anciano paralizado por más de un año había sido sanado por Jesús.

Y fuimos testigos del maravilloso sermón de Jesús sobre el propósito de la vida, la bondad, la generosidad y la compasión hacia los demás. Ese día, Jesús sanó a muchos de quienes se acercaron por ayuda.

* * *

Así Dios dirigía a menudo nuestros pasos junto al Mesías.

Jesús, por supuesto conocía el Plan Divino de antemano, pero como claramente nosotros no, pacientemente nos mostraba a cómo entender y aceptar la Guía Divina.

¡Aprendimos de Jesús cómo ayudar a las personas y cómo vivir siempre con Dios! ¡Aprendimos a hablar de Dios de manera diferente según el alma que teníamos ante nosotros!

A veces, éramos recibidos con lujos en casas ricas. Otras veces, las circunstancias inevitablemente nos imponían ayuno y privaciones que íbamos aprendiendo a aceptar con humildad…

Penosamente aprendíamos a no pedirle a Jesús milagros para nosotros, como disminuir el calor del día o hacer que la noche fuera más cálida para poder descansar mejor en los largos viajes… Y nos tocó encontrar sombra bajo los olivos para escondernos del sol abrasador. Y nos tocó calentarnos con una fogata por las noches mientras superábamos el hambre y el cansancio, entendiendo que esto generaba fuerza espiritual. Intentábamos arduamente comprender la naturaleza de cada acto de Jesús. Y todo esto mientras éramos testigos de curaciones milagrosas, materializaciones y resurrecciones de entre los muertos… También veíamos cómo las almas volvían a los cuerpos listos para ser enterrados, cómo los ciegos recuperaban la vista, cómo los leprosos eran sanados… Y veíamos que no había límites para el Poder que Jesús podía manifestar.

… Pero aún no entendíamos muchas cosas en aquel entonces. No entendíamos por qué Jesús no mostraba siempre Su Poder Divino. Nos parecía que sería tan fácil hacer que todos creyeran, manifestando grandes milagros una y otra vez. Y la comprensión de que no se puede obligar a amar, sino que más bien el amor se despierta de otra manera, aún no nos llegaba, y era todo muy difícil…

<<< >>>
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
PDF
 
Página principalLibrosArtículosPelículasFotografíasSalvapantallasNuestros sitiosEnlacesQuiénes somosContacto