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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Capítulo ocho: La arboleda de cedros libaneses
 

Las lecciones de Pitágoras/Capítulo ocho: La arboleda de cedros libaneses


Capítulo ocho:
La arboleda de cedros libaneses

Un día, el convoy con los prisioneros se detuvo en la arboleda de cedros libaneses.

¡Un oasis de una belleza impresionante!

Nadie podría siquiera haber soñado que llegarían a un lugar tan hermoso para descansar de los largos días de agotadora marcha por el pedregoso y polvoriento desierto bajo los abrasadores rayos del sol.

… Estos cedros, habían visto el mundo durante muchos siglos. El aire entre ellos, era claro y estaba saturado del aroma especiado de su resina tibia y las acículas de pino.

Hamilcar y Pitágoras lograron acomodarse bajo la sombra del enorme cedro que se alzaba ligeramente apartado de los demás árboles. Este árbol era más alto y poderoso que todos los otros. Probablemente, era el padre de muchos de los árboles que crecían a su alrededor.

Hamilcar, comenzó a recordar su infancia…

… Había un cedro similar en el jardín del templo adonde fue enviado por su padrastro para ser educado tras la muerte de su madre.

Hamilcar, fue privado del amor de sus padres desde ese entonces. ¡Y se sintió muy solo en este mundo!

El enorme cedro se convirtió en su mejor amigo por aquel entonces. ¡Sólo Hamilcar lo amaba! Y el cedro le correspondía con su amor poderoso.

A veces, Hamilcar pasaba horas sentado bajo este árbol y le hablaba en silencio de sus problemas, como al mejor amigo. La calma del cedro lo colmaba, y sus problemas de la infancia ya no le parecían tan insoportables. La fuerza, la majestuosidad y la pureza interior del árbol se convertían en esos momentos en la esencia de Hamilcar mismo.

Más tarde, cuando Hamilcar se hizo mayor y dominaba varias técnicas de trabajo con la conciencia en las que había sido entrenado por los sacerdotes, empezó a notar el enorme y suave resplandor que emanaba del cedro. Y el conectarse como alma con esta luz le ayudaba a despejar las emociones negativas y a entrar en un estado de profunda calma. Era como si Hamilcar se convirtiera en este árbol gigante, que se desarrollaba desde hacía muchos siglos en el mundo material… Y sentía como una Fuerza inmaterial surgía desde la profundidad de las raíces a lo largo del tronco hasta cada acícula… Y la paz y el amor lo fueron sanando…

Y ahora, desde la perspectiva de los nuevos conocimientos que adquiría de Pitágoras, Hamilcar se alegró de comprobar que el poder de aquel árbol milagroso no era tan sólo la imaginación de sus fantasías infantiles.

… El cedro gigante, junto a cuyo tronco estaban sentados, poseía rasgos similares. Dirigiendo el amor sincero hacia él, era posible con su ayuda colmarse de una luz muy sutil. O era posible llenar con el amor del alma todo el espacio de energía alrededor de la copa y las raíces del cedro, y extenderse mucho más allá en el espacio…

… Hamilcar pasó a contarle a Pitágoras acerca de su experiencia infantil. Pitágoras, como siempre, pudo sentir y ver con su ojo interior tanto la plenitud de las vivencias infantiles del joven Hamilcar, como los frutos de lo que tal comunicación sutil del alma con los árboles podría traer a los futuros discípulos.

«¡Muy bien, Hamilcar! ¡Hoy has añadido un nuevo tesoro al cofre de nuestros conocimientos!»

… Hamilcar se sorprendió de la facilidad con la que Pitágoras, siendo el gran maestro que era, estaba buenamente dispuesto a aprender de su discípulo.

¡Y pudo ver cómo la sabiduría de Pitágoras se combinaba con Su maravillosa modestia! ¡Su grandeza nunca reducía a quienes le rodeaban!

Pitágoras dijo:

—Existen unas envolturas energéticas que rodean los cuerpos humanos, que pueden ser vistas con los ojos del alma si uno está sintonizado con tal percepción. Todos los seres vivos encarnados tienen envolturas similares. Se les puede llamar «capullos».

»Tal “capullo” de luz existe también alrededor de este cedro. Y verdaderamente puede ayudarnos a trabajar con las energías dentro y alrededor de nuestro cuerpo.

»Hace poco te expliqué los movimientos de limpieza de las energías a lo largo de la trayectoria que involucra los canales energéticos principales de nuestro cuerpo. Estos movimientos de energías a través de los canales de la columna vertebral y de la parte delantera del cuerpo facilitan en gran medida dicha purificación.

»De hecho, aquí junto a este árbol, es muy conveniente hacer esta práctica, sobre todo en el espacio que se expande inmediatamente alrededor del cuerpo.

»Estos ejercicios son muy sencillos y purifican el cuerpo de forma muy eficaz.

»Cuando todas las energías dentro del cuerpo y del “capullo” se purifican, el alma puede entonces empezar a aprender a cómo salir del cuerpo fácilmente, y también aprender a crecer y a expandirse en las extensiones universales, y en los eones cada vez más sutiles.

»Así, desde el trabajo dentro de las estructuras energéticas del cuerpo, uno puede hacer una transición gradual al crecimiento cuantitativo del alma que puede lograr volverse incomparablemente más grande que el tamaño del cuerpo humano.

… Sintiendo con placer su poder de conciencia, Hamilcar hizo circular las energías luminosas alrededor de su cuerpo y en el espacio que les rodeaba hasta una gran distancia. ¡Fue muy agradable!

Pitágoras continuó:

«Realizaste le práctica como un claro ejercicio de purificación. ¡Y esto es muy positivo! Muchas enfermedades pueden ser tratadas o prevenidas de esta manera, purificando las energías del cuerpo y del “capullo”.

»Ahora, al igual que lo hiciste en tu infancia, intenta de nuevo sentir este cedro como un verdadero amigo vivo y real. ¡Y los secretos del Universo se abrirán aún más ante ti!

… Hamilcar, de repente se sintió sorprendido y avergonzado por la actitud que repentinamente surgió en él hacia el cedro, viéndolo tan solo como una vía para su desarrollo…

Se dio cuenta por sí mismo del hecho de que la percepción de los propios logros, provoca una creciente arrogancia y una sensación de ser más importante que todo lo que a uno le rodea…

Volvió a conectar su conciencia con el cedro. Más esta vez, colmados ambos de las emociones del amor, lograron fusionarse en un nivel más sutil, dando lugar a un estado de dicha.

Y Hamilcar, se sumergió involuntariamente aún más profundo en la Luz de la Conciencia Divina…

Después de un rato, Pitágoras continuó:

«¡La percepción de la conexión con todo lo que existe es muy importante!

»Un Organismo Divino Completo crece y se desarrolla en conexión con el universo, incluido nuestro planeta.

»Si esta comprensión se convirtiera en algo inherente a las personas, el conocimiento sobre la conexión y el valor de cada ser vivo, incluidas cada criatura grande o pequeña, ayudaría entonces a crear la base para una percepción ética de la creación y un estilo de vida armónico.

»¡Creo que deberíamos tener este tipo de árboles en nuestra futura escuela! ¡Ayudarán a muchas almas a crecer en tamaño como conciencias y a aprender acerca de la purificación y la paz!

»¡Por favor, memoriza estas técnicas de trabajo espiritual para tus futuros discípulos!

… ¡Hamilcar se asombraba una y otra vez de la amplitud de la cobertura que era inherente a la percepción de Pitágoras acerca de todo lo que sucedía, y de todo lo nuevo que ante ellos se revelaba!

También, le llamó la atención el hecho de que Pitágoras configuraba las técnicas nuevas en una secuencia armoniosa con las preexistentes, formando así el proyecto de una futura Escuela.

¡A veces, a Hamilcar le parecía que la Escuela de Pitágoras ya era un hecho, ya que Pitágoras hablaba vívidamente y con tantos bellos detalles inspirados acerca de ella!

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