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Conhecimento contemporâneo sobre Deus, sobre a evolução e o significado da vida humana.
Metodologia de desenvolvimento espiritual.
Anatomía de Dios/Jiva y buddhi Jiva y buddhiJiva es un equivalente sánscrito de la palabra alma. Al encarnarse, un jiva se conecta firmemente con su cuerpo material. Ella vive en éste, percibiendo el mundo a través de los órganos del sentido, actuando con la ayuda de su cuerpo y pensando mediante su cerebro. Es por eso que para una persona encarnada ordinaria le es difícil no identificarse —aun mentalmente— con su cuerpo y con su mente (manas, en sánscrito). Cuando el cuerpo material muere, jiva continúa viviendo en las dimensiones espaciales no materiales (eones, planos). Algunas, en la dimensión del infierno, otras, en las moradas paradisíacas. Esto depende del estado al cual el hombre-alma se había acostumbrado durante su encarnación. Aquellos que se acostumbraron a los estados groseros (es decir, infernales) de la conciencia continuarán viviendo en estos mismos después de su desencarnación, además entre los seres similares. Esto es lo que constituye el infierno. Aquellos que se acostumbraron a los estados sutiles y tiernos de amor y de caricia, que eliminaron en sí la ira y cualquier otra grosería emocional se encontrarán en el paraíso. También es oportuno guardar en la memoria que la vida en los estados no encarnados normalmente es mucho más larga que la vida en los cuerpos materiales. Pero ¿para qué necesitamos las encarnaciones? ¿Acaso sólo para que Dios-Juez horroroso y temible nos clasifique y envíe según esto —después de la muerte de nuestros cuerpos— al infierno o al paraíso? ¡Ilógico! ¡Absurdo! ¡No obstante, casi todos los seguidores de muchas corrientes religiosas primitivas piensan así! ¡Pero no! En realidad, el Creador nos encarna en Su Creación para que nos desarrollemos intelectual, ética, estéticamente, para que obtengamos el poder de la conciencia y aprendamos a experimentar completa y voluntariamente esas emociones que están unidas bajo la palabra Amor. ¡Lo último es lo más importante! Dependiendo de cómo estamos aprendiendo todo esto, bien o mal, el Creador (a través de los Espíritus Santos) forma nuestros destinos (o karmas), los que la gente normalmente percibe como buenos o malos. El buen destino consiste en la formación por Él de las condiciones favorables para que continuemos con nuestro perfeccionamiento. El mal destino es para que, habiéndonos encontrado en las condiciones desagradables y duras, empecemos a buscar la salida (primeramente, en el sentido filosófico y cosmovisivo), para que comprendamos, a través de esto, el significado de nuestras vidas en la Tierra y nos pongamos a realizarlo rápidamente. Así que, debemos percibir buen o mal destino como un bien. Esto nos quedará aún más claro cuando aprendamos a percibirnos —siempre, en todas las situaciones cotidianas— como los discípulos de Dios, Quien nos envió a la Tierra para que nos perfeccionemos. Con la particularidad de que Él no va a dejar a aquellos que son prometedores y Le demuestran esto. ¡No les va a dejar hasta que lleguen a ser dignos para afluir a Él, enriqueciéndolo con ellos mismo como conciencias! Pues, con este propósito nuestro Creador forma los mundos materiales, domiciliando allí las almas para que se desarrollen y evolucionen. ¡A través de esto marcha el proceso de la Evolución de la Conciencia Universal! Pero para afluir al Creador, debemos conocer a Dios plenamente en todas Sus Manifestaciones, tales como los Espíritus Santos, el Creador y el Absoluto. Sin embargo, siendo todavía un jiva (encarnado o no encarnado), el hombre no puede hacerlo en totalidad, puesto que como jivas sólo podemos prepararnos para los escalones más altas del desarrollo y para el conocimiento directo de Dios. ¿Cómo?, desarrollando las cualidades positivas mencionadas y deshaciéndonos de las negativas. De gran ayuda en este proceso serán los métodos de autorregulación psíquica, que es la sección perteneciente al raja yoga. Debemos, entre otras cosas, lograr la pureza energética del organismo y su perfecta salud, puesto que con un cuerpo contaminado con las energías groseras ¡es imposible desarrollarse en las dimensiones sutiles y sutilísimas! ¡Y el Creador, a Quien debemos conocer, es lo Sutilísimo, comparando con todos otros componentes del Absoluto! Preparándonos para el escalón más alto —el buddhi yoga— necesitamos, entre otras cosas, hacer que el chakra anahata sea el chakra dominante. ¡Pues, justamente este chakra es responsable de la generación de las emociones de amor! ¡Y sólo estas emociones nos permiten refinarnos! ¡Las emociones son los estados de nosotros (como conciencias)! ¡Y para dominar los estados sutiles y sutilísimos debemos acostumbrarnos a estos! ¡Es más, son las emociones de amor que permiten al alma obtener la habilidad para la Unión! Esto aprendemos al comienzo amando a otras personas y otras manifestaciones de vida en la Creación. Y después de desarrollar la habilidad de amar, podremos dirigir nuestro amor al Creador. Pero ¿qué es el buddhi? A distinción del jiva, buddhi es esa parte de la conciencia que se forma y se desarrolla —mediante los métodos del buddhi yoga— en las dimensiones sutiles y sutilísimos fuera de los límites de los cuerpos materiales. El desarrollo del buddhi se logra con el crecimiento directo del corazón espiritual que se forma inicialmente en el chakra anahata. (Lo mismo se logra también a través de la ampliación del chakra anahata más allá de los límites del cuerpo).
¡Entonces, qué el corazón espiritual crezca hasta alcanzar el tamaño de los metros, luego kilómetros y aún más! Después hay que conectar al anahata, desarrollado con los métodos especiales, otros chakras, también suficientemente desarrollados. Así se forma la estructura llamada dharmakaya, lo que se traduce como «el cuerpo del Camino». El término dharmakaya denomina uno de los grados más altos en el desarrollo de la conciencia o buddhi (aunque después siguen otras etapas muy importantes del auto-desarrollo). Desarrollándonos como dharmakayas, obtenemos cada vez más independencia de los cuerpos materiales ya durante la vida en éstos. Además, nos hacemos cada vez más invulnerables a las enfermedades y otros factores dañinos. También crece el poder de la conciencia, que depende directamente de su tamaño y de la movilidad fuera del cuerpo. El practicante aprende a pensar sin la participación del cuerpo y también sanarlo influenciando sobre éste desde afuera. Pero lo más importante es la comunicación cada vez más fácil con los Maestros Divinos o Espíritus Santos, lo que es una premisa esencial para el desarrollo de la sabiduría y el perfeccionamiento subsiguiente. El que logró la totalidad de la Perfección como buddhi se une con la Conciencia Primordial (el Creador) y puede ser llamado Buda*. Sin embargo, existe un grado del desarrollo aún más atractivo: es cuando el Buddhi Perfecto, unido con la Conciencia Primordial, replaza completamente un jiva encarnado en el cuerpo. * * * Muchas personas viven sin pensar en absoluto «para qué», viven siendo guiadas solamente por atracciones egocéntricas primitivas y reflejos, viven en la búsqueda del placer y satisfacción de su avidez y agresividad. ¡Ni siquiera a los creyentes de los movimientos religiosos masivos, que dominan actualmente en nuestro planeta, ayudan en su avance espiritual las metas sucedáneas inculcadas a ellos, tales como evitar el infierno o llegar al paraíso mediante la participación en varios rituales, mediante la impetración del perdón de Dios por los pecados cometidos o incluso mediante las matanzas de los heterodoxos!* ¡Dios no necesita esto de nosotros! ¡Por lo contrario, Él quiere que tratemos activamente de llegar a ser mejores, llegar a ser perfectos según Su Intención Evolutiva! ¿Qué puedo aconsejar a cada uno? Puedo aconsejar estudiar y aceptar la Intención de Dios y después encontrar su propio puesto en el Proceso de la Evolución de la Conciencia Universal, tanto desde el punto de vista de la dominación de las técnicas particulares para el auto-desarrollo como desde el punto de vista de la participación con el propio servicio en este Gran Proceso. ¡La vida llena de tal labor cotidiana es la manifestación de nuestro amor a Dios y es verdaderamente feliz y dichosa! ¡Ésta es la vida para Dios! ¡La vida para él, y no para uno mismo!
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