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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, sobre la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Estuve enfermo de cáncer más de una vez
 


Dr. Vladimir Antonov

Estuve enfermo de cáncer
más de una vez


Traducido del ruso al español por Anton Teplyy

Correctores de traducción: Nicolas Nessi y Micaela Rossi

© Antonov V.V., 2013




Me enfermé de cáncer varias veces después de haber sanado inmerecidamente a algunas personas que padecían esta enfermedad grave, debiendo sanarme a mí mismo cada vez. A través de esto, Dios me mostró, entre otras cosas, nuevas técnicas claves del desarrollo espiritual.

Recuerdo que esto me pasó por primera vez luego de sanar a una médica.

Poco tiempo después de esto me llamaron para ayudar a unas personas que estaban en otra población, y la enfermedad que yo había tomado sobre mí mismo a causa de la sanación injustificada se manifestó allí, lejos de mi casa. Su foco se formó en la zona subcostal izquierda. El dolor aumentaba día tras días y la situación llegó hasta tal extremo que cualquier movimiento de mi cuerpo, incluso uno muy ligero, me causaba un dolor agudo. Casi perdí la capacidad de moverme.

¿Qué podía hacer entonces? Decidí recurrir a los baños en el agua helada, un método que yo conocía muy bien. Todo esto ocurrió justo a principios del invierno, de manera que le pedí a un poblador local que me llevara a algún depósito de agua cercano. Una vez allí, en el lago, rompí el hielo con un palo (éste no estaba muy grueso todavía) y me bañé según la metodología descrita por mí en el libro [4]. Enseguida sentí un alivio. Luego repetí el mismo tratamiento dos veces más en los días siguientes, purifiqué mi cuerpo mediante técnicas meditativas y la enfermedad se marchó completamente.

Gracias a aquella situación no sólo obtuve un excelente método (el cual comparto con ustedes ahora) para la curación de esta enfermedad tan extendida, sino que también recibí en aquel depósito de agua una meditación importantísima para continuar con mi propio crecimiento espiritual y para ayudar en este proceso a otras personas dignas.

En una ocasión posterior, sané a otra médica de un cáncer que comenzaba a desarrollarse en su glándula mamaria derecha. Ella se mejoró muy rápido, mientras que yo noté que un tumor comenzó a crecer en mi propia glándula mamaria derecha. Pronto éste llegó a tener el tamaño de una nuez. A los lados del tumor aparecieron unas pápulas que crecían cada día hacia el ganglio linfático axilar.

No era invierno y, por lo tanto, no podía usar los baños en el agua helada. Así que comencé a buscar técnicas de meditación para sanar esta enfermedad. ¡Y las encontré! Inventé una meditación excepcionalmente eficaz, la cual llamé «Faros». En esta meditación, que puede servir para los representantes de ambos sexos, uno debe experimentar sus glándulas mamarias como los faros de un automóvil.

«Voy por una vía, en la noche, iluminando mi camino con los faros que envían hacia delante una luz blanca brillante, ligeramente dorada, “de largo alcance”…». La meditación puede realizarse durante una caminata o durante el trote* meditativo [4]. Al principio, es necesario brillar desde el chakra anahata, pero luego se abre la posibilidad de brillar con la Luz del Espíritu Santo desde Su Infinidad que está detrás del anahata del cuerpo.

¡Por favor, aprendan esta técnica! ¡Les servirá no sólo para su curación (en el caso de necesitarla), sino también para aquello que es lo más importante: su crecimiento espiritual!

Entonces el tumor comenzó a disminuir y disminuyó hasta el tamaño de un grano de guisante y luego aún más. ¡Hoy es posible todavía palpar sus restos, lo que me hace recordar cada vez que no hay que apurarse con la curación del cuerpo de una persona! ¡Pues siempre hay que sanar el alma antes!

Hubo otro caso. Tuve un malestar en uno de los pulmones y una tos que no se curaba con ningún remedio. Justo había llegado el tiempo de la vacunación regular contra la encefalitis transmitida por garrapatas. En aquellos años la condición obligatoria para este tipo de vacunación era hacer una radiografía previa. Esta radiografía mostró un tumor patológico de un gran tamaño. El radiólogo se alarmó y me propuso hacer otra radiografía después de 20 días, aconsejando entre tanto tomar las infusiones de una hierba medicinal.

Yo debía ir con los resultados de la radiografía al terapeuta. Pero no fui. En vez de esto, me dirigí a Dios con la pregunta: «¿Qué debo hacer?».

Como resultado, recibí de Él el conocimiento excepcional sobre los cuatro segmentos del organismo humano. Este conocimiento y la experiencia práctica obtenida crearon las premisas necesarias para la curación de mi cuerpo y para el avance posterior en el Camino espiritual.

Muchas otras personas que se entrenaban según nuestros programas, incluyendo la técnica del trote meditativo, también se sanaron del cáncer [4]. En el momento en que realizábamos estos entrenamientos yo no sabía que aquellas personas tenían este problema. ¡Pero después de finalizar el curso, ellos me dijeron que se habían curado completamente! «¡El dolor se marchó y el tumor desapareció sin dejar rastros, como si se hubiera disuelto!», fueron sus palabras.

Entre aquellas personas había mujeres que padecían cáncer de mama no operable, mujeres a quienes los médicos habían mandado a casa a morir.

Es oportuno preguntar: ¿y qué pasó luego con estas personas?

Desde que tuvimos estas clases pasaron decenas de años y por eso no puedo decir nada sobre cómo están ahora. Sin embargo, durante los cinco años siguientes, me encontré con ellos varias veces, como si fuera por casualidad, en aquellos lugares de los bosques en donde habíamos entrenado tiempo antes. ¡Ellos me agradecían por la salvación del cáncer y por el hecho de indicarles el Camino hacia Dios!

No estoy contando esto con el fin de atraer pacientes. No. Yo no sano ni sanaré más a nadie. El arte de la sanación fue para mí nada más que una etapa de mi crecimiento espiritual [1] y luego continué avanzando más allá. Esto me permite no solamente hablar de cómo uno puede sanarse a sí mismo, sino también de muchas otras cosas, por ejemplo, de cómo formar eficazmente un destino favorable para sí mismo a través de acercarse a Dios según la calidad del alma.

Con todo, si ustedes van a querer seguir mis recomendaciones, consulten primero con los médicos, pero con aquellos que no actúan motivados por la propia ganancia, sino por el amor a los pacientes y por el sentimiento de su deber profesional.

* * *

Les cuento el último episodio de curación de una enferma de cáncer.

Me encontró una mujer, desesperada por el dolor, que participaba en nuestros entrenamientos en el trote meditativo [4].

¡Qué éxtasis era trotar en aquel tiempo durante horas por los senderos del bosque en Unión con los Espíritus Santos y llenar nuestros cuerpos de Su Luz Divina, lo que nos permitía no sentir el cansancio en absoluto!

Sin embargo, en la URSS en aquellos tiempos no era posible hablar de Dios abiertamente. Por eso yo no lo hacía…

Cuando esta mujer me pidió ayuda, le respondí con gran alegría.

En el tiempo de nuestros entrenamientos, hace décadas ya, ella no tenía ni 20 años.

Cuando nuestras clases terminaron, ella se casó con el miembro de una horrible secta, ¡en la cual la existencia misma de Dios era negada! Ella se incorporó a aquella secta y fue miembro de ésta por muchos años.

Pronto empezó a sufrir dolor de dientes, lo que continuó por varios años. Sin embargo, ella no fue a un dentista, porque esto no era aprobado en la secta a la cual pertenecía. Allí toda la «medicina» se reducía solamente a las conversaciones sobre el yin y el yang. Como resultado, sus dientes siguieron «pudriéndose».

¡Pero el hecho es que los problemas infecciosos en los dientes afectan no sólo a los dientes mismos, sino también a todos los sistemas del organismo, incluyendo al cerebro!

¡Toda su cabeza estaba llena de una suciedad energética espesa! ¡Yo nunca antes había visto una cabeza tan negra por dentro!

Su estatus intelectual ya estaba cercano a la imbecilidad. Entre otras cosas, ella ya casi no podía leer y lo que lograba leer no lo podía memorizar.

Pero su problema principal era un dolor creciente en lo profundo de la parte superior del abdomen.

Entonces examiné su cuerpo con la clarividencia y vi el cáncer en su etapa inicial, causado por un espíritu bastante grande.

Bueno…

Le expliqué que existe Dios y cómo es Él. Le regalé mis libros, en los cuales se habla en detalle sobre Él y sobre Sus Enseñanzas.

Le recomendé ir inmediatamente al dentista y también bañarse en el agua helada. ¡Justo era invierno!

Después de conseguir, a fuerza de pedir, la Bendición de Dios, expulsé aquel espíritu de su cuerpo.

Ella se animó y… decidió que no hacía falta cumplir con las demás recomendaciones mías.

Entonces el espíritu fue devuelto a su cuerpo por Dios.

Habiéndolo comprendido, ella enseguida fue a bañarse en el agua helada y al dentista, quien le quitó cuatro dientes y le arregló los demás.

Pedí al espíritu marcharse otra vez esperando que nunca regresara. Él obedeció y abandonó el cuerpo.

¿Y luego? Luego ella comenzó a exigir fastidiosamente que le enseñara a meditar en los sitios de poder.

Pero se puede hacer esto sólo con una persona que tiene un intelecto fuerte. Ella, en cambio, estaba rayando en la imbecilidad.

Yo le respondía «evasivamente» para no traumarla, diciendo que esto podría pasar sólo después de varios años.

¡Como resultado, un día recibí de ella un correo lleno de enfado en el cual, entre otras cosas, ella exclamaba que se había arrepentido de haber pedido mi ayuda!

* * *

Como lo descubrí más tarde, aquel espíritu quedó en mi cuerpo y «se anidó» en mi vesícula biliar, en los segmentos izquierdos del chakra manipura [3]. Allí era muy difícil para mí notarlo, de modo que no lo noté por mucho tiempo.

La enfermedad se manifestó después de años.

Con mis propios esfuerzos meditativos y con la Ayuda directa de Jesús el Cristo pude eliminar el daño bioenergético, pero las alteraciones anatómicas permanecieron.

Así fui convencido una vez más por Dios —y espero que sea la última vez— de que no se debe actuar en las relaciones con otras personas siendo guiado solamente por las propias emociones de compasión y sin Su bendición particular para la realización de cada uno de tales actos.

* * *

¡Todos nosotros debemos comprender que Dios no vive en alguna montaña terrenal o en un planeta distante, ni monta una nube observándonos desde allí! ¡No! ¡Él —eterno e infinito— está presente siempre por todas partes, incluso debajo de cada célula de nuestros cuerpos en la profundidad multidimensional!

No podemos ver a Dios mientras no aprendamos a permanecer fácilmente en los estratos (eones, lokas) del espacio multidimensional.

¡Pero Él sí nos ve a cada uno de nosotros todo el tiempo! ¡Y nada puede pasar sin Su conocimiento y aprobación! ¡Es más, Él Mismo crea para nosotros las duras lecciones y pruebas tratando de ayudarnos a llegar a ser mejores y acercarnos a la Perfección! ¡Pues con este mismo propósito Él nos encarnó en la Tierra!

Por eso todo lo que nos pasó debía pasar, y si no nos gusta esto, debemos buscar la causa en nosotros mismos.

También debemos percibir todo lo que pasará como la manifestación de Su cuidado por cada uno de nosotros. ¡Por otra parte, todavía podemos cambiar nuestro futuro, ya que cada persona forma su destino por sí misma!

No obstante, para cambiarse a uno mismo según Su Voluntad, es necesario primero estudiar esta Voluntad. La información en torno a este tema está presentada, lo más completamente posible, en el libro [3], en el cual se encuentran Sus mandamientos que Él ha entregado a las personas desde los tiempos de la Atlántida hasta nuestros días.

* * *

Analicemos otra vez cuál es la causa del dolor que sentimos debido a heridas o enfermedades.

Las más de las veces, la causa consiste en que hemos ignorado el dolor de otros seres encarnados, a quienes hemos matado personalmente u otras personas han matado por nosotros.

¡La compasión por los otros seres es uno de los principios más importantes de aquel amor que Dios quiere enseñarnos!

Esto significa que cuando nos encontramos sufriendo un dolor intenso, debemos aceptarlo como la ayuda de Dios. Compadecernos de aquellos que sufrieron debido a nuestros errores éticos es lo que nos permitirá en tal situación aliviar el propio destino ahora y en el futuro.

* * *

Entonces la causa principal del cáncer es un mal destino determinado por nuestros errores éticos.

Y el mecanismo de la aparición y del crecimiento de los tumores cancerosos y de los trastornos similares son las mutaciones genéticas.

Sin embargo, estas mutaciones pueden aparecer debido a diversas razones, por ejemplo, debido a la radiación ionizante. También existen las suposiciones de que algunas sustancias químicas, que llegan a nuestros cuerpos a través de la comida o por otras vías, pueden ser cancerígenas. Sea como sea, el comienzo del desarrollo del cáncer depende de nosotros y de Dios. Depende de nosotros en el sentido de que está en nuestras manos mostrar o no a Dios nuestros esfuerzos por llegar a ser mejores. Y Dios saca de esto las conclusiones pertinentes.

Con todo, el mecanismo más frecuente del desarrollo del cáncer es, por lo visto, la implantación de algún espíritu (o espíritus) en el cuerpo. Se trata principalmente de animales, según su última encarnación, primitivos por el nivel de su desarrollo. Ellos, siendo enviados por Dios a los cuerpos de sus víctimas, comienzan a acondicionarlos «a su gusto» cambiando el genotipo de las células de unos u otros órganos.

Se puede observar a estos espíritus bajo la forma de condensaciones negras de energía. Ellos pueden trasladarse dentro del cuerpo de la persona enferma e incluso abandonarlo por algún tiempo, por ejemplo, bajo la influencia del sanador o durante los tratamientos fisioterápicos, pero siendo controlados por los Espíritus Santos, normalmente regresan pronto.

El tumor puede ser extraído del cuerpo meditante los métodos quirúrgicos. Sin embargo, los espíritus cancerígenos lo abandonarán para siempre o por largo tiempo sólo por la Voluntad de Dios, como ya hemos analizado. Entonces principalmente de esta Voluntad depende el resultado del tratamiento.

Por eso para un enfermo de cáncer o de alguna enfermedad parecida tiene sentido confiar primeramente en sus propias fuerzas, comprendiendo que todo lo que sucede con él o ella es su aprendizaje con Dios. ¡Pues con este propósito, es decir, para que aprendamos de Él, Dios nos encarnó en los cuerpos materiales en la Tierra!

(¡Con todo esto, no recomiendo negar la ayuda común de los médicos, puesto que en tales casos tiene sentido luchar aplicando todos los métodos accesibles simultáneamente!)

Los discípulos de Dios, como en cualquier escuela terrenal, pueden ser buenos o malos. ¡Seamos buenos discípulos suyos!

Y los buenos discípulos deben estudiar Su Voluntad, tratar de cumplirla sinceramente y asegurarle a Él que «¡Ahora yo comprendo lo que Tú esperas de mí! ¡Te prometo que viviré de ahora en adelante no para mí mismo, sino para Ti! ¡Y Te pido que me des la posibilidad de tener tiempo en este cuerpo para transformarme más!».

Literatura recomendada

  1. Antonov V.V. — Cómo conocer a Dios. Autobiografía de un científico que estudió a Dios. «New Atlanteans», 2008 (en inglés).
  2. Antonov V.V. (redactor) — Trabajo espiritual con los niños. «New Atlanteans», 2008 (en inglés).
  3. Antonov V.V. — Obras clásicas de la filosofía espiritual y la actualidad. «New Atlanteans», 2010.
  4. Antonov V.V. — Ecopsicología. «New Atlanteans», 2010.

Nuestras películas

1. Sumersión en la armonía de la naturaleza. Camino al paraíso. (Presentación de imágenes). 90 min.

2. Corazón espiritual. 70 min.

3. Sattva (Armonía, Pureza). 60 min.

4. Sattva de las neblinas. 75 min.

5. Sattva de primavera. 90 min.

6. El Arte de ser feliz. 42 min. (HD-video).

7. Ecopsicología práctica. 60 min. (HD-video).

8. Laya yoga. 48 min. (HD-video).

9. Kundalini yoga. 45 min. (HD-video).

10. Agni yoga. 76 min. (HD-video).

11. Advaita yoga. 47 min. (HD-video).

12. Ashtanga yoga. 60 min. (HD-video).


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