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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Revelación de la Verdad por el Apóstol Juan el teólogo
 

La vida para Dios/Revelación de la Verdad por el Apóstol Juan el teólogo


Revelación de la Verdad
por el Apóstol Juan el teólogo

Escrito por

Anton Teplyy


¡Dios es Luz!

Esta Luz Viva de Conciencia Divina lo impregna todo. Y no hay lugar donde esta Luz no pueda penetrar.

¡Está en todas partes! Es tanto el Fundamento de la vida como el santuario —después de la muerte del cuerpo— para Aquellos Quienes se han convertido en Uno con Ella.

¡Oh, esta Luz!… ¡Es tan hermosa! ¡Es maravillosamente atractiva, pura y gentil!… ¡Encuentro la dicha solo en Ella, siendo Ella!

¡Es el Más Sutil Fundamento de la Vida Eterna!

¡Todos los problemas humanos, las penas, —se sosegan— si entran en esta Luz!

Aquel, Quien Le ha cognocido y se ha convertido en Ella, —ilumina ahora desde Sí Mismo el mundo como la gentil luz solar matutina—.

¡Este Uno disipa ahora la oscuridad —y nuevas almas despiertan a la Verdadera Vida—! ¡Y los brotes del amor ascienden en ellos, habiendo sido alimentados y calentados por la Luz!

¡Esta Luz otorga Calma —tan dichosa y toda-penetrante—!

Estoy disuelto en este Océano de Dichosa Luz-Paz…

Así es como —de edad en edad— existen todos Aquellos Quienes han cognocido la Luz y vuéltose Uno con Ella. Existen siendo Dicha, Paz, Eternidad e Infinito…

… Pero en la superficie del Océano multidimensional del Absoluto, las tormentas hacen furor: las personas —en busca de lo ilusorio— destruyen la armonía y crean caos y oscuridad…

Pero vienen de la Profundidad, encarnando en cuerpos humanos, Aquellos Quienes —debido a su Infinito Amor al Océano— tienden a restaurar la paz y la calma en todo momento y en todas partes. Pero Ellos no siempre pueden detener el caos humano. A veces, siendo arrastrados por la ignorancia, sacrifican sus vidas terrenas —y regresan a la Dicha de la Profundidad del Océano— para luego regresar nuevamente a ayudar a las personas encarnadas…

¡Uno de tales Mensajeros de la Profundidad fue Jesús —a Quien amé más que a la vida— y Quien Me introdujo a la Vida!

¡Todos Le amamos eternamente!

Él fue simple y sin pretensiones —tan simple como puede una flor dar su aroma, néctar y belleza, tan simple como puede un arroyo nutrir con sus aguas a las criaturas encarnadas—.

Y al mismo tiempo, Él era verdaderamente Grande, Grande como el Océano, de Quien había venido.

¡Él sonrió —y la Luz brilló a su alrededor—! ¡Él llevó alegría, salvación, paz y dicha! ¡Él trajo entendimiento, liberación y pureza! ¡Nos otorgó el más alto refinamiento de lo Primordial!

¡Es una pena tan solo el que no pudiéramos absorber de inmediato lo que Él nos otorgó! Nuestros «vasos» aún eran demasiado pequeños y no estaban completamente purificados…

Él dedicó Su vida a nosotros, como a muchos otros, —para que pudiéramos limpiar nuestros «vasos» y crecer como corazones espirituales—.

Él ayudó entonces a muchos. ¡Y continúa ayudando ahora!

¡Y que la gratitud hacia Él —sea grande—!

La gratitud abre la «puerta del alma», y Él entonces puede entrar…

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