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Conocimiento contemporáneo sobre Dios, sobre la evolución y el significado de la vida humana.
Metodología del desarrollo espiritual.

 
Capítulo dos: La vida entre los vikingos
 

Saga de Odín/Capítulo dos: La vida entre los vikingos


Capítulo dos:
La vida entre los vikingos

Odín continuó:

—Hoy quiero contar aquello que sucede cuando un Alma Divina nace en la Tierra con la Misión de Servicio.

»Existen Aquellos Que se acuerdan de Su Divinidad después de encarnarse.

»Pero también existen Aquellos Que cumplen lo que fue determinado en el Plano Divino sin darse cuenta de Su Unidad con el Océano Primordial de la Consciencia Divina.

»Además, existen Aquellos Que pueden recordar y fortalecer esta Unidad durante Su vida en la Tierra ¡y luego, permaneciendo en la Unión Total con el Unido Nosotros de todos los Perfectos, cumplir todo lo que fue determinado para esta encarnación Suya! »Olaf no sabía desde la niñez quién era en realidad.

—¿Cómo pudo ocurrir esto? Pues su mamá, Ainú, ¡debería haberle contado! Todo podría haber sido mucho más simple.

—Es muy difícil para Mí ahora explicarte todos los matices de la ley que regula la formación de los destinos de las personas. Solamente voy a decirte el principio más importante, a saber, todo se hace para el bien y tomando en cuenta los intereses de muchas almas.

»Ainú fue sacada del plano material antes de que tuviera tiempo de enseñar a Olaf todo lo que sabía y podía hacer. Ella logró contarle sólo muy poco, y él tuvo que aprender todo lo más importante por sí mismo.

»El problema es que Ainú y Ricardo eran muy diferentes según el nivel de su sutileza y según su capacidad para entender lo Divino. Entonces, para preservar la sutileza Divina de Ainú, ella fue sacada del mundo material más temprano.

»La tarea de Olaf entonces consistía en repetir otra vez todo el Camino desde un ser humano hasta Dios para memorizar bien todas las etapas de este Camino y los métodos de la ascensión. Debido a esto, Él pudo posteriormente mostrar este Sendero a muchas otras personas.

»Quiero repetir esto una vez más para evitar malentendidos.

»Aquel de Nosotros* Que viene a la Tierra a veces tiene que, según los planes superiores, llevar por algún tiempo la vida de una persona ordinaria y mirar el mundo con los ojos de un mortal como todos. Esto se hace para que luego pueda volver a la Inmortalidad de Dios y pueda explicar este Camino a otras personas gracias a la experiencia recibida.

»Sucede que primero es necesario conocer la debilidad para luego obtener el Poder del Omnipotente; ocurre que a veces es necesario sufrir por la falta de conocimiento para poder luego obtener el Conocimiento Superior; acontece que a veces es necesario primero conocer en la propia experiencia la importancia del amor que une a una persona con otra para poder unirse en Amor con el Divino Poder Primordial.

»¡Sigue escuchando! ¡Aquello que te contaré debe ayudarte a ti y a muchos otros a fortalecer su Unión con el mundo Divino! ¡También les ayudará a vivir con la comprensión de este mundo Divino y del Conocimiento del cual hablaremos más adelante!

* * *

Después de la muerte tan inesperada de Ainú, Ricardo no logró recuperarse de la aflicción por mucho tiempo. Él no quiso quedarse a vivir en el lugar donde todo le recordaba sobre su amada perdida; no pudo vivir más sin ella en la armonía que ella había creado. Así que tomó a su querido hijo, Olaf, que tenía cinco años en aquel entonces, y comenzó a viajar.

Ellos vagabundearon por largo tiempo, lo que fue bastante duro para ambos debido a la edad del niño, y luego llegaron al mar.

¡Su vastedad les cautivó con su belleza y poder, y entonces Ricardo decidió quedarse a vivir cerca del mar!

Pronto encontró a un jarl, un jefe de los vikingos, quien lo aceptó en su comunidad junto con su hijo.

Así Ricardo volvió a la vida de un guerrero, quien pasaba en viajes marítimos casi toda la primavera, el verano y el otoño.

Una época difícil llegó para Olaf. Pues durante las campañas marítimas Ricardo se iba por mucho tiempo con otros hombres, y Olaf se quedaba en la orilla con las mujeres y niños de otros guerreros.

No obstante, para la comunidad, Ricardo y Olaf siguieron siendo extraños por mucho tiempo.

Por eso Olaf tuvo que aguantar las burlas y la agresión de los niños mayores. Además, la mujer en cuya casa él vivía durante la ausencia de su padre estaba todo el tiempo furiosa con él, porque Olaf seguía la regla de no comer carne y pescado, inculcada a él desde su niñez. Debido a esto, Olaf muy a menudo se levantaba de la mesa con hambre sin haber comido nada.

Si no fuera por las reservas de nueces silvestres y otras plantas comestibles que él había aprendido a reconocer desde la niñez, él no hubiera sobrevivido.

Especialmente le molestó con sus burlas el adolescente llamado Boli, el hijo mayor de aquella mujer.

Boli había crecido sin padre, bajo los reproches constantes de su madre despótica. Él era enclenque, torpe y mucho más débil que sus coetáneos. Incluso los adultos se burlaban de él a menudo, y él seguía acumulando el resentimiento y el deseo maligno de humillar a los otros de la misma manera como él mismo había sido humillado. Boli encontraba placer en descargar la sensación de su deficiencia sobre otras personas más débiles.

Olaf, quien era tres años menor, se convirtió para Boli en el objeto principal de tales ataques.

Él disfrutaba haciendo a Olaf sarcásticas observaciones, encargándole hacer cosas sin sentido y sermoneándole de una manera burlesca.

Olaf se sorprendía mucho y no podía entender tal actitud. Pues estaba acostumbrado al hecho de que el amor mutuo y el cuidado son naturales en las relaciones entres los mayores y menores.

Sin embargo, gracias a esta conducta de Boli, Olaf aprendió a mantener la calma y a no enojarse en respuesta a las ofensas. Él mantenía una calma imperturbable incluso cuando otros niños se sumaban a las agresiones de Boli.

Y si ocurrían peleas, con cada una de éstas, Olaf lograba defenderse a sí mismo y a otros niños más débiles cada vez mejor. Pues Ricardo le enseñó muchas técnicas necesarias para la batalla. En esas tierras severas las personas respetaban la fuerza, y Olaf, peleando en su nivel de niño, defendía su derecho a no ser como todos los demás. Así, gradualmente, él se ganó el respeto de sus contemporáneos gracias a su facultad de ser justo, generoso y fuerte y gracias al hecho de que él nunca empleaba la fuerza injustificadamente.

Incluso muchos adultos comenzaron a decir que ¡él se convertiría en un verdadero jarl* al crecer! Pues la fuerza del alma es percibida por las personas incluso cuando ellas no entienden por qué los actos y las palabras de tal persona fuerte tienen un efecto notable en otros.

El jarl, el jefe de aquella comunidad, también poseía fuerza, pero era grosera y mantenía a todos los miembros bajo una cruel sumisión.

El nombre del jarl era Biyorn. Era de una gran estatura y se parecía a un oso gigante por su constitución y fuerza. Sus decisiones eran una ley para todos; su juicio no se cuestionaba; ninguna objeción era aceptada. Quien estaba en desacuerdo con el jarl debía estar callado o abandonar la comunidad. Cualquiera que trataba de dudar de la justeza de sus decisiones causaba una explosión de enojo en él y podría ser asesinado por el jarl allí mismo o ser sujeto a otro castigo severo.

* * *

Un día Biyorn habló a su gente sobre sus planes de una campaña a tierras lejanas que se encontraban muy al sur. Él dijo que allí había asentamientos muy ricos e incluso ciudades, así como barcos que no disponían de guerreros. También dijo que un botín abundante se esperaba de esta campaña a tierras donde ningún vikingo había llegado.

Después de que las exclamaciones de júbilo por esta campaña futura se calmaron, ¡Olaf de repente se atrevió a objetar al mismo jarl! Dio un paso adelante y le preguntó:

—Biyorn, ¿piensas tú que estás gobernando sabiamente y crees que será justo atacar a los asentamientos pacíficos y tomar su trigo a la fuerza, el trigo que no hemos cultivado y la riqueza a la que no tenemos derecho de pretender? ¿Quisieras tú que nuestras casas y mujeres también fueran sometidas a un ataque y saqueo, mientras nuestros hombres están de campaña?

Ricardo no tuvo tiempo para detener a su hijo y ahora estaba parado con una cara pálida y con su mano sobre la empuñadura de la espada. Estaba esperando un desquite inevitable por la osadía de Olaf.

No obstante, para sorpresa de todos, Biyorn no se enfureció, sino que se rió y dijo:

—¡Eres todavía un extraño entre nosotros y un mocoso, Olaf! ¡No has entendido todavía cómo viven los verdaderos vikingos! ¡Nosotros peleamos con los fuertes y no hacemos daño a los niños ni a las mujeres! ¡Aquello que ganamos en una buena batalla nos pertenece por derecho!

»Los cobardes entre las personas que tienen miedo de las batallas quedarán vivos y simplemente pagarán un rescate por sus vidas.

»¡Los guerreros valientes, en cambio, pelean por la gloria y la riqueza!

»¡Y la muerte en una batalla es una gran suerte, porque abre las puertas al mundo de ultratumba donde habitan los héroes!

»¡Te llevaré conmigo, Olaf, para que aprendas a ser orgulloso de pertenecer a nuestras tradiciones!

Así Biyorn decidió convertir a Olaf en un guerrero navegante.

Y así fue como Olaf subió por primera vez a un drakkar* para aprender a ser un «verdadero vikingo», lo que significaba que debía acostumbrarse a la «ley del más fuerte» y olvidar sus ideas sobre la justicia, las cuales ni tuvo miedo de exponer ni siquiera al mismo jarl.

Olaf se puso feliz por el hecho de ir con su padre al mar. Solamente los pensamientos sobre las intenciones criminales de su jarl aguaban su alegría. Pero él esperaba que todo pasara sin batallas ni saqueos.

Olaf no preveía cómo terminaría esta campaña.

Mientras tanto, los severos guerreros le enseñaban a controlar la vela y a remar por mucho tiempo.

Él se hizo muy amigo del timonel Vagni, quien le contaba y le mostraba, entre otras cosas, cómo operar el timón y cómo definir el rumbo por las estrellas.

Ellos navegaron muy al sur en comparación con sus campañas usuales.

El jarl había decidido asombrar a todos con un gran botín.

* * *

Olaf recordó esta batalla por el resto de su vida.

Como él era todavía un adolescente no preparado para un verdadero combate, le asignaron, junto con el timonel Vagni (cuya muerte sería una pérdida demasiado grande para cualquier campaña), a proteger el drakkar, el cual no debería ser atacado según los cálculos de Biyorn. Y los demás guerreros se fueron a pelear en tierra.

No obstante, Olaf no pudo evitar la batalla. Pues tres de los guerreros locales subieron a su barco. Vagni peleó con dos de ellos, y el tercero atacó a Olaf.

Era mucho más grande y fuerte, pero Olaf lograba repeler sus ataques con éxito. Luego incluso le hirió en el antebrazo derecho, pero en ese mismo instante un dolor agudo atravesó su brazo también, aunque Olaf no estaba herido. El dolor que él causó se reflejó instantáneamente en su propio cuerpo. Él se mareó y se cegó por algún tiempo y casi dejó caer su espada. Vagni, quien ya había herido y desarmado a sus dos atacantes, llegó justo a tiempo para salvarle de una muerte inevitable.

Pronto Olaf vio cómo Ricardo fue asesinado. Todo pasó como en un sueño. Olaf observaba todo desde lejos y por eso no pudo hacer nada.

El cuerpo de aquel a quien Olaf amaba tanto, ahora yacía en la tierra. Este cuerpo se parecía a una envoltura hueca cubierta de sangre, y a su alrededor había más cadáveres.

No fueron muchos quienes padecieron en esa batalla. Los defensores de aquel pueblo se rindieron pronto y ahora cargaban el drakkar con el rescate, definido por el jarl, por sus vidas, la vida de sus familias y la integridad de sus casas.

Olaf observaba todo esto y sus pensamientos estaban llenos de dolor. Se fortaleció cada vez más su comprensión de que las incursiones de rapiña de los vikingos ¡no eran actos heroicos de personas fuertes, como todos a su alrededor pensaban, sino crímenes!

Él lo había discutido con su padre muchas veces anteriormente, pero Ricardo no vio otra manera de sobrevivir. Las tierras donde ellos vivían eran infértiles y, además, Ricardo no tenía ni el deseo ni las habilidades para vivir del trabajo de agricultor.

Así que el desquite había llegado.

«¿Qué habría pasado si yo hubiera rechazado participar en esta campaña? ¿Acaso la pérdida de la única persona querida es el castigo severo de los Dioses* para que yo entienda de una vez y para siempre que no se debe actuar contra los propios principios esperando que nada pase? ¿Acaso no es posible vivir la vida de un marinero sin causar destrucción y muerte a otros?»

Él sintió que se había quedado solo en este mundo.

«¿Dónde está aquel que era mi padre? ¿Cómo sería su porvenir?»

Vagni trató de consolar a Olaf diciéndole lo glorioso que es morir en una batalla, pues los guerreros valientes que mueren así van inmediatamente al Valhala*, donde se encuentran con Odín.

Sin embargo, Olaf no estaba seguro de que fuera verdad, puesto que la finalidad de aquella batalla era el saqueo de otras personas y su muerte, ¡y esto, pues, era una injusticia deliberada!

El padre de Olaf le había contado antes que su madre, Ainú, sabía ver a los Dioses y conversar con Ellos. También ella decía que las almas no mueren y que las personas inventaron muchas mentiras sobre los Dioses y sobre las reglas de vida para los mortales. Las Leyes Divinas no son como las personas las imaginan para justificar su vida depravada.

Ella enseñaba a vivir de una manera completamente diferente a la de otras personas. Pero Ricardo no llegó a vivir así sin ella y no contó mucho a Olaf sobre cómo era Ainú y lo que ella enseñaba. Pues creía que esto solamente traería problemas y dificultades adicionales a la vida del niño, ¡ya que aquellos principios éticos eran demasiado puros y no se parecían para nada a la realidad que les rodeaba!

Olaf casi no recordaba a su madre. Pues tenía sólo cinco años cuando ella se fue. Lo más grande de lo que él se acordaba cuando pensaba en ella ¡era el estado de su propia felicidad infinita por la ternura de su amor!

Luego, en ocasiones, Olaf vio su rostro que consistía de Luz. Sus labios se movían como si ella quisiera decir algo, pero él no oía estas palabras. ¡Él solamente sentía su ternura y cuidado que le abrazaban de todos lados!

Y ahora él se había quedado completamente solo. «¿Cómo viviré en adelante? ¿Y para qué vivir?», pensó.

Olaf dirigió sus preguntas mentales hacia el mundo de los Dioses y pidió Su ayuda y comprensión.

¡Mientras tanto, todos los vikingos se regocijaban por la conquista de una gran riqueza! La muerte de algunos de sus guerreros era algo usual. La fortuna les sonrió y estaban regresando con el drakkar repleto de riquezas. ¡Eran triunfadores!

Sólo el timonel Vagni se acercó al jarl y le habló lúgubre y firmemente:

—¡Detén la operación de carga, Biyorn! ¡El drakkar está sobrecargado! ¡La avidez nos destruirá a todos!

—¡Cállate, Vagni! ¡Quiero llevar todo lo que ahora nos pertenece! ¡Hemos cargado aún más antes!

—Sí, jarl, hemos cargado más, pero en esas ocasiones navegamos a lo largo de la orilla con buen tiempo y paramos en las bahías por la noche. ¡Pero ahora el océano abierto nos aguarda!

—¡Deja de darte al pánico, timonel! ¡Estás gimiendo, como una mujer!

Vagni se puso sombrío, le dio la espalda, dejó de discutir y fue a chequear cómo amarraban la carga.

* * *

Muy pronto el barco sobrecargado con el botín se topó con una tormenta. Esta tormenta fue tan fuerte que el drakkar no resistió y empezó a hundirse. Vagni otra vez salvó la vida de Olaf amarrándole a un pedazo de mástil. Luego Olaf se desmayó y no supo lo que pasó con los otros.

Habiendo vuelto en sí, vio cómo una persona de rostro moreno se inclinó sobre su cuerpo. Le dijo algo en su idioma, que Olaf no entendió, y luego le dio de beber.

De esta manera el destino de Olaf, controlado por la Voluntad Divina, cambió drástica e inesperadamente.

¿Para qué? Para darle la posibilidad de buscar y estudiar, en nuevas condiciones más apropiadas para esto, las respuestas a las preguntas sobre el significado de la vida humana.

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